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España

David Baute • Director de Benigno

“Benigno habla de algo que todos buscamos: sentirnos acompañados y conectados con los demás”

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- El director español charla con nosotros sobre el origen del proyecto, su realización y los temas que atraviesan la película

David Baute • Director de Benigno

Con Benigno, presentado este pasado fin de semana en el Festival Internacional de Cine de Shanghái, el cineasta español David Baute (cuyo trabajo anterior, la cinta de animación Black Butterflies, participó en la sección Contrechamp de Annecy y se llevó el Goya en su categoría) continúa explorando historias profundamente humanas, acercándose esta vez a un personaje cuya trayectoria y mirada sobre el mundo sirven para reflexionar sobre la memoria, la identidad y la condición humana.

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Cineuropa: ¿Cómo descubriste la historia de Benigno y qué fue lo que te convenció de que debía convertirse en una película?
David Baute
: Benigno nació en el barrio de El Volcán, en Garachico (Tenerife), donde yo también nací. De niños entrábamos en su patio para beber agua de su bernegal mientras él nos hablaba del volcán Trevejo, cuya erupción en 1706 transformó el pueblo. Recuerdo aquel barrio como una comunidad unida, donde las casas parecían formar parte de un mismo hogar. Benigno siempre fue una figura singular: un hombre sin pareja, profundamente espiritual y ajeno a las convenciones. Lo admiraba desde niño. Décadas después, seguía sintiendo curiosidad por su manera de vivir y por ese universo cotidiano que compartía con mi propia familia.

La película adopta la forma de un retrato íntimo construido desde la confianza que existe entre nosotros. Más que intervenir en su realidad, la cámara la observa y la acompaña. A través de pequeños gestos, rutinas y silencios, el espectador se adentra poco a poco en la vida de Benigno. Como en mis trabajos anteriores, me interesa explorar esas historias aparentemente pequeñas que terminan revelando algo profundamente humano.

Benigno aborda cuestiones muy universales a partir de una experiencia personal. ¿Qué aspectos de su protagonista crees que pueden conectar con públicos de distintos países y culturas?
Aunque nace de una experiencia muy local, Benigno habla de temas universales. Es la historia de un hombre sensible que afronta la última etapa de su vida intentando resistirse al paso del tiempo y a la soledad. La película encuentra poesía en lo cotidiano: escuchar los sonidos de la calle, leer, tomar un café o disfrutar de pequeños rituales diarios. Son experiencias que cualquier persona puede reconocer, independientemente de su origen.

La casa ocupa un lugar central en la película. Es el espacio de la memoria, de la infancia y de los recuerdos. Pero también lo es el barrio, entendido como una extensión del hogar. Los encuentros con los vecinos, los sonidos compartidos y los vínculos de comunidad construyen un retrato de pertenencia que trasciende fronteras. En ese sentido, Benigno habla de algo que todos buscamos: sentirnos acompañados y conectados con los demás.

Después de tus trabajos anteriores, ¿qué nuevos retos creativos y cinematográficos te planteó la realización de Benigno y qué esperas que el público se lleve consigo al salir de la sala?
Benigno es una celebración de lo simple y de lo cotidiano, y precisamente ahí residía uno de los principales retos creativos: encontrar belleza cinematográfica en los pequeños gestos de cada día. La película fue rodada en Super 8 mm, una elección que aportó una textura muy especial y que permitió construir una mirada íntima y cercana al personaje. Todo el equipo trabajó para crear una atmósfera que reflejara la sobriedad, la sensibilidad y la memoria que atraviesan la vida de Benigno.

Más allá de sus aspectos formales, esperamos que el público conecte con la humanidad del protagonista. Benigno es una persona amable, detallista y profundamente consciente del valor de las pequeñas cosas. Sus acciones nos recuerdan que la felicidad también puede encontrarse en las rutinas más sencillas. Si la película consigue que el espectador salga de la sala reconciliado con su propio tiempo, con su espacio y con el placer de estar vivo, habrá cumplido su objetivo.

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