Ervin Han y Raúl García • Directores de La violinista
“La animación puede contar historias épicas sin los problemas de la imagen real”
por Marta Bałaga
- Los directores hablan de su cinta de animación, en la que una periodista conoce a una famosa violinista y escucha su historia sobre el amor, la guerra y su instrumento de valor incalculable

En La violinista, recién galardonada con el Cristal al mejor largometraje en el Festival de Annecy (leer la noticia), un periodista entrometido consigue por fin entrevistar a una célebre violinista y escuchar su historia sobre el amor, la guerra y el inestimable violín que la acompaña desde el Singapur de los años 30. Los directores Ervin Han y Raúl García se han sentado a hablar con nosotros sobre la película.
Cineuropa: Hay algo muy ambicioso en la escala de esta historia. Está la guerra y también una historia de amor que se prolonga durante décadas. ¿Os intimidaba esa magnitud?
Raúl García: Bueno, si hay algo que la animación puede hacer es contar historias épicas sin los problemas del cine de acción real, como los extras, el reparto o las localizaciones. Cuando pensamos la historia, nuestro único límite era la imaginación. En este caso, la imaginación de Ervin, porque fue él quien escribió el guion.
Ervin Han: Siempre fui consciente de que la historia abarca casi ochenta años, tres épocas distintas y un gran conflicto en medio. Pero nunca me preocupó demasiado ni tuve miedo de que se hiciera demasiado grande, porque lo que siempre mantuvo unida la historia fue la sensación de intimidad y contención de los personajes. Gran parte del relato se construye a través de la música. Va cambiando de ritmo y de textura, y casi dejas de pensar en la escala de la historia.
R. G.: En el fondo, estamos contando una historia de amor: una historia muy pequeña y muy humana. Lo que ocurre es que el lienzo sobre el que la pintamos es enorme.
E. H.: También habla de la memoria histórica y del paso del tiempo, y creo que los seres humanos conectamos con eso de forma muy instintiva. Todos tenemos nuestros recuerdos y nuestra propia percepción de cómo transcurre el tiempo. Espero que la magnitud de la historia no distraiga al espectador.
Hay algo en la película que recuerda a las grandes epopeyas históricas de los años 90; es el tipo de película que podría haber hecho Spielberg. ¿También pensabais en películas de otras épocas?
E. H.: Hay varias películas de las que hemos hablado desde el principio. No te sorprenderá, pero una de ellas es El pianista. Tenía esa idea de la música como un ancla para la humanidad, una fuente de consuelo y dignidad en tiempos de guerra.
R. G.: También estaba Millennium Actress.
E. H.: Es una película de animación de Satoshi Kon, que solo dirigió siete largometrajes. Esas dos obras nos inspiraron desde muy pronto. Algunas personas también nos han dicho que hay cierto parecido con Titanic, por la estructura que enmarca la historia. Y, más recientemente, nos han comentado que el final les recordó a La La Land.
R. G.: Yo pensaba más en Los paraguas de Cherburgo. Cuando haces una película, de forma consciente o inconsciente acabas rindiendo homenaje a quienes te precedieron, a todo aquello que te marcó y contribuyó a convertirte en quien eres.
En cuanto a la música, era evidente que tenía que convertirse en el gran elemento de la película. Todo lo que sucede ocurre gracias a ella.
E. H.: Siempre vimos la música como un personaje más, un personaje que evoluciona. Desde el momento en que escuchamos determinados temas por primera vez, estos van transformándose a medida que los personajes atraviesan los acontecimientos de la película, hasta llegar al final, cuando una sonata para dos violines acaba convirtiéndose en un concierto completo. La composición llevó aproximadamente un año, pero el trabajo comenzó mucho antes.
R. G.: Decidimos dividir la música en tres grandes temas. El primero es esa sonata en tonalidad mayor que se convierte en el leitmotiv y representa la historia de amor de los protagonistas. Luego está la música de acción, que refleja el miedo y la guerra, y, por último, la música clásica que suena a lo largo de toda la película. El Concierto para violín de Tchaikovsky es una de nuestras piezas favoritas.
E. H.: Nuestro compositor principal, Ricky Ho, fue brillantísimo a la hora de adaptar algunas de esas obras clásicas e integrar nuestros temas originales. Se divirtió mucho haciéndolo, aunque también fue un trabajo muy exigente. Yo no sé realmente de música y no toco ningún instrumento, así que para mí la música tiene algo de misterioso. No entendemos cómo funciona, pero sí sabemos cómo nos hace sentir. Y creo que eso es lo único que importa.
R. G.: Queríamos que la película resultara creíble, así que desde el primer día insistimos en que el personaje tenía que tocar el violín de verdad. Los movimientos debían ser correctos. En las películas de imagen real a menudo ves a alguien tocando el piano o la guitarra y no resulta convincente. Incluso en Amadeus hay un par de momentos así. Prestamos mucha atención a esos pequeños detalles porque son los que dan vida a los personajes. Consiguen que olvides que estás viendo una película de animación. Hicimos una película que, sencillamente, está animada.
¿Ya os conocíais o os unisteis específicamente para sacar adelante esta historia?
E. H.: Empezamos siendo amigos, la verdad. Evidentemente, la trayectoria de Raúl en el mundo de la animación es legendaria. Hace algunos años fue profesor invitado en una escuela de animación de Singapur y hablamos de trabajar juntos algún día. Yo pensaba: “Dios mío, ¿cómo voy a trabajar con alguien que ha participado en La sirenita, Fantasía y ¿Quién engañó a Roger Rabbit?”.
R. G.: Es demasiado modesto. Pero conectamos enseguida y, después, él realizó una serie de cortometrajes magníficos.
E. H.: Este es mi primer largometraje y tengo 51 años. También es el primer largometraje de nuestro estudio y el primero producido en Singapur en casi quince años; todavía no contamos con una verdadera industria cinematográfica. Quería hacer una historia sobre quiénes somos y de dónde venimos, algo que pudiera resonar más allá de las fronteras y las culturas. Al principio invité a Raúl para que se encargara de la dirección de animación, pero las conversaciones fueron creciendo y empezamos a plantearnos una coproducción con España.
R. G.: Cuando fui a dar clases a Singapur no sabía prácticamente nada de su cultura ni de su historia, y me parecieron fascinantes. Nosotros habíamos conocido la historia de la Segunda Guerra Mundial desde una perspectiva europea y, muy probablemente, también desde la estadounidense, que la reducía prácticamente a Pearl Harbor e Hiroshima. Y poco más.
E. H.: Muchos de mis amigos europeos, o la gente que conozco en mercados y festivales, no son conscientes de que el Sudeste Asiático estuvo colonizado por potencias europeas durante cientos de años. Después el mundo cambió y los imperios empezaron a desmoronarse, pero esa historia apenas se ha contado, al menos desde una perspectiva del Sudeste Asiático.
R. G.: No queríamos dar una lección de historia, pero esos acontecimientos condicionan la forma en que piensan y actúan nuestros personajes. Si después de ver la película alguien siente curiosidad por profundizar en esa historia, sería fantástico.
(Traducción del inglés)
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