Shahrbanoo Sadat • Directora de No Good Men
“El patriarcado es como un terreno lleno de cactus”
por Alfonso Rivera
- La cineasta afgana afincada en Alemania habla del simbolismo de las flores, la comedia romántica, los dildos ocultos, el feminismo y los hombres traumatizados

Después de haber inaugurado la Berlinale este año, Shahrbanoo Sadat visitó la edición número 41 de Cinema Jove con su tercer largometraje, No Good Men, que cosechó el premio del público y la mención a mejor dirección de la sección oficial. En el certamen valenciano mantuvimos la siguiente charla.
Cineuropa: Tus películas han pasado por certámenes importantes como Berlín y Cannes. ¿Qué relación tienes con los festivales?
Shahrbanoo Sadat: Cada film requiere años de trabajo. No Good Men me llevó seis y cuando terminé estaba tan agotada que no me importaban los festivales ni los estrenos; solo quería descansar. Sin embargo, cuando acabas un largometraje hay productores, financiadores y socios que quieren verlo circular. Lo importante es la vida que tendrá la película: dónde se estrena, cómo la recibe la industria, si encuentra distribuidores o agentes de ventas. Pero para mí lo mejor es el año que sigue al estreno, porque es un momento de alegría: viajar, conocer a otros cineastas, periodistas y programadores, descubrir otros títulos y reflexionar sobre qué harás después.
Tu cinta mezcla comedia romántica y crítica político-social. ¿Fue difícil combinar estos elementos?
La vida ya es una comedia. Si observas con atención, verás que nuestras contradicciones, problemas sociales y políticos, e incluso nuestra forma de movernos por el mundo tienen algo cómico. No creo que necesites una mirada especial; basta con observar. Afganistán tiene poca industria cinematográfica y pocas películas rodadas desde la perspectiva de cineastas locales. La combinación ya existía en la realidad; yo simplemente la mostré desde dentro.
No Good Men comienza con títulos de crédito decorados con flores de colores vivos. ¿Qué simbolizan?
Mi padre estaba obsesionado con los cactus. Vivíamos en las montañas de Afganistán y convertía cualquier objeto en una maceta. Un día vi un cactus florecer y me impresionó muchísimo. Mientras trabajaba en No Good Men pensaba en el patriarcado y me preguntaba si existían hombres realmente buenos. Entonces conecté esa imagen: el patriarcado es como un terreno lleno de cactus, y un hombre bueno es como una flor que puede brotar entre ellos. No es algo común, pero cuando aparece, es algo muy hermoso.
En tus películas anteriores los protagonistas eran niños; ahora el centro de ésta lo ocupa una mujer.
En mis primeros films me interesaban mucho las historias de otras personas. Además, en Afganistán la identidad suele estar ligada a la familia y la comunidad, no al individuo. Con No Good Men empecé a preguntarme quién soy yo como mujer, qué quiero y qué significa afirmar tu individualidad en una sociedad patriarcal. También reflexioné sobre la maternidad, sobre las mujeres de mi familia que nunca tuvieron elección y sobre el sistema que produce esas desigualdades.
Una versión del cartel de la película muestra un consolador. Imagino que eso será impactante para el público afgano.
Sí, fue difícil encontrar actrices porque muchas tenían miedo de las escenas de besos y del vibrador. En sociedades conservadoras ocurren igualmente estas cosas o incluso más intensamente, solo que se esconden. En Afganistán hay todo un mercado negro de juguetes sexuales, pues la gente tiene las mismas necesidades humanas en todas partes. La diferencia es que en algunos lugares se finge que no existen.
Hay una escena donde el personaje central entrevista a mujeres que me recordó a Encuesta sobre el amor, de Pier Paolo Pasolini.
No conocía esa película, pero me interesa mucho. Mi idea era entrevistar a miles de mujeres en Kabul para preguntarles sobre el amor y sobre si creen que existen hombres buenos. Quería mostrar que no era solo mi experiencia personal, sino algo colectivo.
Has afirmado que los hombres afganos están traumatizados. ¿Por qué?
Muchos están atrapados en una idea rígida de lo que significa ser hombre: ser proveedor, jefe de familia y autoridad máxima. Durante generaciones nadie cuestionó ese modelo. Ahora hay mujeres que lo cuestionan y eso genera incomodidad. Yo rodé esta película desde el amor, no desde el odio. Me gustan los hombres. Un buen hombre es algo maravilloso, aunque aprendí que no necesito uno para ser feliz. Creo que existe una crisis de identidad masculina. Si un hombre ya no es el proveedor absoluto ni la máxima autoridad, se pregunta quién es. Eso genera inseguridad y hace que algunas personas vean el feminismo como una amenaza. También observo que las mujeres suelen tener redes de apoyo entre ellas. Los hombres muchas veces están solos, existe una epidemia de soledad masculina. Les cuesta expresar vulnerabilidad incluso entre amigos. Aun así, creo en el cambio. Si existen modelos masculinos diferentes, las nuevas generaciones podrán seguir otros caminos.
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