Julia Thelin • Directora de The Patron
“Es importante vivir un poco en nuestros sueños”
por Alfonso Rivera
- La cineasta sueca habla sobre su ópera prima, en la que analiza el mundo del arte, las mecánicas de sumisión y la necesidad de salirse de uno mismo

La edición número 41 del festival Cinema Jove de Valencia se inauguró con The Patron, primer largometraje de Julia Thelin, quien visitó la ciudad levantina para, entre otras cosas, conceder esta entrevista.
Cineuropa: The Patron es tu primer largometraje. ¿Fue fácil realizarlo, encontrar productor y gente interesada en tu primera película?
Julia Thelin: Ya tenía productores con los que había trabajado en mis cortos. Además, la idea inicial de la película era bastante fácil de explicar: una mujer hace creer a dos jóvenes que es una famosa, poderosa y rica galerista de arte, y los lleva a una casa para vivir esa personalidad inventada. Como premisa de thriller –preguntarse cuándo descubrirán la verdad– era algo que se entendía rápidamente. Pero la profundidad de la película fue más difícil de trabajar en el guion, porque quería contar muchas cosas. El film está lleno de ideas, perspectivas y formas diferentes de ver la realidad. No hay respuestas claras y genera inquietud porque no siempre ofrece sensación de seguridad al espectador. Muchas veces el público quiere sentirse protegido, pero cuando mueves un poco el suelo bajo sus pies surge cierta incomodidad.
¿Por qué decidiste escribir sobre el ser humano, sus capacidades y sus límites?
Me interesa cómo nos limitamos unos a otros con nuestra necesidad de controlar y posicionarnos frente a los demás. Esa necesidad de colocarnos en un lugar para ser vistos y escuchados genera ciertos comportamientos. Me interesa la psicología humana y por qué hacemos determinadas cosas. Pero también me parecía hermoso que, la mayoría del tiempo, confiamos en otras personas y creemos en ellas. Crear una pequeña ilusión es fácil y la mayoría de la gente no miente. Creo que esa ingenuidad también es algo bonito: ser ingenuo puede ser algo positivo. Quería rodar una película intensa y también desafiarme a mí misma sobre cómo terminar la historia y cómo resolver todos esos elementos.
¿Conoces el mundo del arte contemporáneo? La película es bastante crítica con ese ambiente, a veces elitista.
Realicé investigaciones sobre el mundo del arte y, ciertamente, se parece mucho a la película, incluso puede ser peor. Es un lugar donde, si no tienes una buena posición, nadie parece preocuparse por ti. Cuando hay mundos donde muchas personas quieren entrar, aparecen jerarquías elitistas. Pero el del arte también es hermoso porque es un lugar donde las ideas, las expresiones y las diferentes formas de percibir la realidad se toman en serio.
La protagonista juega con la ilusión y los sueños de los demás para manipularlos.
Claro. Si te digo “quiero pagarte 500 millones de euros por esa camiseta porque llevo años buscándola”, aunque sea una broma, una parte de ti quiere creerlo. Queremos aceptar esa fantasía. Es importante vivir un poco en nuestros sueños. No digo que debamos desaparecer en ellos, pero también son una forma de libertad. Estamos atrapados en nuestro cuerpo, en nuestra edad y en las decisiones que hemos tomado, así que la imaginación es una vía de escape.
Se percibe cierta violencia psicológica en la película. ¿Cómo controlaste que no fuera excesiva y que la protagonista no se convirtiera en un monstruo?
En el guion algunas partes eran más violentas y otras menos. Durante el trabajo con los actores encontramos un equilibrio porque tenían que entender la motivación de los personajes y por qué se daba esa violencia. También fue un proceso para mí: descubrir cuándo era necesaria y cuándo no. Eso ocurrió durante el rodaje.
Resulta interesante que trabajes solo con tres actores y una casa como escenario. ¿Ensayaste mucho?
Sí, luché por tener ensayos porque era importante. La película depende de la dinámica entre los actores. Necesitábamos tiempo para hablar de cada escena y explorar juntos. No teníamos mucho dinero para rodar, pero decidimos priorizar el tiempo antes que el equipo técnico. La filmación duró 25 días.
¿Tuviste referencias o maestros?
Pensé en las primeras cintas de Yorgos Lanthimos, especialmente por cómo una historia puede desarrollarse en una casa y por la dinámica entre personajes. También me gustó Los idiotas de Lars von Trier y El piano de Jane Campion. Me interesaba la fuerza femenina, las luchas de poder y la violencia. También me inspiró un documental titulado The Ceremony, de Lina Mannheimer, sobre una mujer que tiene una relación de poder con otras personas y explora distintas formas de entregar o recibir poder. Después vi Funny Games, de Haneke, que también fue útil. Y me fascina El cuchillo en el agua, de Polanski, que me enseñó cómo se puede crear tensión con solo tres personajes.
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