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KARLOVY VARY 2026 Proxima

Martina Buchelová • Directora de Lover, Not a Fighter

“La sensación documental es una elección estética, no una falta de control“

por 

- La directora eslovaca reflexiona sobre cómo su película busca replantear preocupaciones sociales y generacionales de calado a través de una forma romántica accesible

Martina Buchelová • Directora de Lover, Not a Fighter
(© Film Servis Festival Karlovy Vary)

La directora eslovaca emergente Martina Buchelová ha presentado su primer largometraje, Lover, Not a Fighter, en la sección Proxima del Festival de Karlovy Vary.

Cineuropa: ¿Cómo surgió la película?
Martina Buchelová: Escribí el guion durante la pandemia de la COVID. No quería que la historia hablara directamente de ese período, pero sí había un trasfondo de desesperación que impregnaba la película. Mi principal intención era hacer una película que la gente pudiera disfrutar en el cine, con la que pudiera emocionarse y respirar, sin fingir que el mundo de los personajes fuera sencillo. También queríamos que el romance ocupase el centro del relato. En aquel momento —y quizá siga siendo así ahora— tenía la sensación de que, tanto en Eslovaquia como en el resto de Europa, abundaban las producciones muy sombrías. Yo quería abordar temas serios desde la perspectiva una tragicomedia romántica, en lugar de hacerlo mediante un drama social puro.

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¿Por qué era importante situar a los jóvenes junto a personajes de mayor edad, dentro de un contexto intergeneracional?
El foco está claramente puesto en la generación más joven, pero la película también habla del intercambio entre generaciones. Me interesa cómo personas de distintas edades, con visiones diferentes del mundo y heridas del pasado, siguen intentando convivir y encontrar formas de acercarse unas a otras. Los protagonistas ya no son adolescentes, pero tampoco adultos plenamente asentados. Los veo como jóvenes de unos veinte o veintiún años, en los primeros años de la universidad. Están en esa etapa tan frágil en la que buscas tu camino, intentas descubrir qué vida quieres llevar y decides cómo relacionarte con un mundo que a menudo resulta caótico.

La película no se centra únicamente en la pareja protagonista. Constantemente amplía el foco hacia otros personajes y pequeñas historias. ¿Por qué decidiste estructurarla de esa manera?
Nunca quise que los personajes secundarios fueran simples accesorios de la historia principal. Evidentemente, Andrej y su relación sentimental ocupan un lugar central, pero todas las personas que lo rodean tienen un propósito y una vida propia. La película no sigue una narrativa lineal clásica que avance simplemente de un punto de la trama al siguiente. Los personajes aparecen, interactúan, desaparecen, regresan y modifican la temperatura emocional de la historia. La estructura por capítulos hace posible ese planteamiento. Permite que la película se convierta en un mosaico de situaciones a través del cual vamos comprendiendo poco a poco a Andrej gracias a sus relaciones con los demás.

La película posee una textura visual muy cruda, en parte cercana al documental, especialmente por el uso de imágenes grabadas con teléfonos móviles. ¿Formaba eso parte de una especie de “declaración generacional”?
Sí, aunque no lo reduciría únicamente a una aproximación documental. La cámara en mano y la aspereza de algunas imágenes nos ayudan a permanecer cerca de los personajes. Los teléfonos móviles forman parte de la manera en que esta generación registra y conserva sus recuerdos: con ellos grabamos los momentos tiernos, los importantes y también los difíciles. Si una imagen servía a un propósito emocional, no quería descartarla simplemente porque estuviera movida o fuera imperfecta. Pero la película, en conjunto, está muy controlada. Ese aire documental responde a una elección estética, no a una falta de control.

Los rótulos y títulos de los capítulos tienen un tono seco y ligeramente irónico. ¿Qué función desempeñan?
Para mí están relacionados tanto con la forma de contar la historia como con el sentido del humor de la película. En ocasiones recuerdan a la manera en que la gente se comunica mediante mensajes, pero también funcionan como una especie de comentario de la directora. Se sitúan por encima de la acción, añadiendo información o un pequeño cambio de perspectiva. Esos rótulos pueden revelar algo que los personajes nunca dirían de sí mismos e invitan al espectador a sonreír ante la distancia entre lo que las personas ocultan y lo que la película nos permite ver.

¿De dónde procede el título Lover, Not a Fighter?
No está inspirado en los libros u otras obras que utilizan esa misma expresión. Proviene de un proyecto anterior que realizamos sobre jóvenes de Rimavská Sobota. Allí conocimos a un chico llamado Andrej que, en un momento dado, se describió a sí mismo como «un amante, no un luchador». Esa frase se nos quedó grabada. Tiene algo de expresión popular, casi de proverbio. Eso sí, mi amigo Andrej no se parece al protagonista: simplemente comparten el mismo nombre, cierto aire desenfadado y el hecho de que ambos son amantes, no luchadores.

Tus personajes podrían haberse reducido fácilmente a estereotipos —el alcohólico, el conspiracionista…—, pero la película evita hacerlo. ¿Era un objetivo consciente huir de esos arquetipos?
Diría que sí, que formaba claramente parte de nuestro planteamiento, aunque no pretendía hacer un manifiesto explícito contra los estereotipos. No quería que la película hablara a través de etiquetas. Algunos personajes tienen problemas con el alcohol, otros creen en teorías conspirativas y otros se mueven en ambientes bastante turbios, pero eso no define por completo quiénes son. No me interesa adoptar una mirada moralizante desde una posición de superioridad. Las personas somos contradictorias. Alguien puede parecer brusco y revelar después una enorme ternura. Otro puede esforzarse por parecer más duro de lo que realmente es porque necesita desesperadamente sentirse aceptado en algún lugar. La película intenta contemplar esas contradicciones desde una perspectiva profundamente humana.

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(Traducción del inglés)

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