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Francia

Élie Wajeman • Director de Comète

"París sigue siendo vibrante, peligrosa, conmovedora, violenta"

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- El cineasta francés narra la aventura de una película coral nacida como una experiencia alternativa de producción y de mezcla de géneros

Élie Wajeman • Director de Comète

Comète, estrenada en los cines franceses el 15 de julio de la mano de Dulac Distribution, es el cuarto largometraje de Élie Wajeman.

Cineuropa: ¿Cómo surgió esta historia con 18 personajes?
Élie Wajeman: Me propusieron hacer un taller con actrices y actores de mi elección y continuar después con la realización de una película. Acepté el reto con un presupuesto minúsculo. Cuando tienes que escribir para 18 personas, hay dos opciones. Una es reunirlas en el campo, durante un funeral, una boda o una reunión de amigos, como en Hôtel de France, de Patrice Chéreau, o en el mediometraje La vida de los muertos, de Arnaud Desplechin. La otra posibilidad es crear personajes que se cruzan y que tienen sus propios destinos: una película coral. Y eso es lo que elegí, porque me apetecía abarcar el mayor número posible de destinos, pero también de géneros.

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¿Cómo estructuraste el guion?
Lo que esperamos de una película coral es que haya entrelazamiento. Hay distintas maneras de conseguirlo. En Certain Women: Vidas de mujer, de Kelly Reichardt, por ejemplo, los personajes se rozan; en Amores perros, de Iñárritu, un acontecimiento conecta todos los destinos y la figura del perro atraviesa todas las historias. Hay otros ejemplos más elaborados en los que un personaje desbloquea las distintas situaciones. Como me gustan los guiones sólidos desde el punto de vista dramático, quería encuentros reales, no simples cruces poéticos. Trabajé en ello durante la escritura: establecí las relaciones y las conexiones. Después escribí fragmentos de diálogos que fueron reescritos durante el rodaje. No tenía tiempo, así que no escribí un guion en el que todo estuviera entrelazado: cada historia tenía su propio guion. El entrelazamiento se produjo durante el montaje. Era un reto importante no perderse y mantener el interés del espectador. Sabemos que el montaje forma parte del guion, pero llevado hasta este punto, fue bastante extremo.

¿Es la perspectiva existencialista el hilo conductor de la película?
Todas mis películas hablan de cómo afrontamos la vida. Me ayudó la idea de que el corazón de la película, además de ese cometa en el cielo, es la representación de Las tres hermanas, de Chéjov, que trata precisamente de cómo afrontamos la vida. Los temas de Las tres hermanas impregnan y se despliegan a través de las diferentes historias de la película, incluso en aquellas que no están relacionadas con el teatro.

Estas distintas historias reflejan una época difícil.
La película retrata escenas situadas en un espacio-tiempo bastante particular, con ese cometa que proyecta una luz suave, un tanto mágica y, al mismo tiempo, inquietante. Pero también quería retratar una época y una generación para la que la vida es difícil. Así que abordo cuestiones reales relacionadas con los sentimientos y la sociedad. Y como estoy acostumbrado a hacer películas bastante radicalmente oscuras, en las que el tema de la vida y la muerte atraviesa el género, quería que la muerte rondara y amplificara las relaciones.

También haces un retrato de una zona concreta de París.
Trabajo partiendo de la idea de que atravieso los espacios. Así es como me surgen las ideas. Desde hace varias películas quiero contar París, pero también salvarla de una especie de belleza burguesa que ahoga un poco la ciudad y le quita aspereza. París sigue siendo vibrante, peligrosa, conmovedora y violenta. Es como si estuviera en la ventana de un barrio periférico y me preguntara: ¿qué está pasando aquí? ¿Cómo son las vidas de estas personas? ¿En qué piensan? Eso es lo que me entusiasma: observo, imagino y escribo.

La película también disecciona el oficio de actor.
Me apasiona el teatro y me conmueven profundamente los actores a los que me encanta dirigir. Me gusta contar las vidas de los actores porque creo que están ahí para representar a los seres humanos, lo cual es una tarea esencial, pero también bastante alocada y única, como podemos ver, por ejemplo, en Vania en la calle 42, de Louis Malle, donde el teatro irrumpe de repente en la vida cotidiana de los actores en Nueva York.

¿Es Comète una especie de ejercicio de estilo?
Un poco. Es un gesto, una película entre dos películas, pero aunque sea un interludio, acaba convirtiéndose en una película por derecho propio y creo que se sostiene por sí misma. Abrí mi caja de recursos creativos y volqué en esta película muchas cosas que me conmueven: se parece muchísimo a mí. Es como si tuviera un montón de relatos que quisiera unir mediante un hilo para que, aun así, siguieran formando una misma historia. Y tenía muchas ganas de explorar otros géneros, especialmente de experimentar con la comedia dramática. En el futuro, aspiro a mezclarla con el cine negro, un género que me gusta mucho: combinar elementos cómicos con una sensación de peligro.

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(Traducción del francés)

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