Meritxell Colell Aparicio • Directora de Lejos de los árboles
“La memoria debe recibirse a través de la escucha”
por Martin Kudláč
- La cineasta catalana reflexiona sobre su exploración transnacional del exilio, de las lenguas en peligro y de la memoria heredada, articulada a través del sonido y de formas cinematográficas híbridas

La cineasta catalana Meritxell Colell Aparicio combina imágenes digitales, material rodado en Super 16 y archivos en su película más personal hasta la fecha, estrenada en la Competición Internacional del Festival de Locarno. En Lejos de los árboles, que explora el desplazamiento, la memoria y la transmisión, una artista sonora mexicana recorre Perú mientras se enfrenta al legado del exilio en México de su abuelo catalán y registra lenguas indígenas en peligro de desaparición. Hemos hablado con la directora sobre cómo transformar el silencio heredado en ficción, la capacidad del sonido para convocar lo invisible, su colaboración con la intérprete y compositora Angélica Castelló y la perspectiva transnacional de la obra.
Cineuropa: Lejos de los árboles vincula Perú, el exilio republicano español en México y una historia familiar catalana. ¿Cómo moldeó esta geografía el viaje de Adela?
Meritxell Colell Aparicio: Siempre he trabajado con personajes desplazados y complejos que poseen identidades híbridas. Una de las cuestiones que más me interesa explorar es cómo los territorios nos configuran, cómo los lugares construyen la identidad. También desde lo cinematográfico, los espacios son una fuente inagotable para hacer visible lo invisible, actuando como espejos que exteriorizan los mundos interiores de los personajes. El Perú formaba parte de las primeras etapas del proyecto, impulsadas por mi deseo de explorar los quipus. La selva resonaba con un paraíso perdido, de civilización y de infancia. Y las montañas, los Apus, son donde habitan los ancestros, donde reside la memoria. Nos interesaba explorar dos viajes que se entrecruzan: un periplo de contacto con comunidades para crear un mapa sonoro de lenguas en peligro y un regreso a la infancia y a los abuelos. Queríamos que la película fuera una oda a la escucha, a la transmisión y a la memoria de todo aquello que merece ser preservado.
¿Cómo te ayudaron la ficción y una protagonista mexicana a abordar tu propia historia familiar?
Lejos de los árboles nació en 2020 tras la muerte de un familiar muy cercano. Entonces solo sabía que quería abordar la imposibilidad de despedirse, la imposibilidad de ver un cuerpo sin vida y las emociones que eso conlleva, y vincularlo al sonido. Empecé a buscar artistas sonoros desplazados o migrantes y pronto apareció Angélica Castelló. Su abuelo se había exiliado en México. Años después comprendí que también conectaba profundamente con mi propia vida, concretamente con el legado de silencio transmitido por mis abuelos. No me interesa hacer autoficción. Uno de los grandes poderes del cine es su capacidad de amar al otro, de comprenderlo.
¿Por qué situar la escucha en el centro de una película sobre el exilio, la herencia y la desaparición?
El sonido es esencial en el cine, no solo en el plano narrativo y contextual, sino también en el perceptivo y el emocional. La imagen siempre es concreta; el sonido la expande. La capacidad del sonido para convocar lo invisible, todos los otros mundos que puede contener una imagen y que no vemos, es increíble. Una lengua solo sobrevive si alguien la habla. Una grabación es el medio que da testimonio de una desaparición. Es el documento que nos permite saber que alguna vez existió. Pero no hay contexto ni cosmovisión que lo hilvane todo. La memoria debe recibirse a través de la escucha, para que la persona se convierta en canal de transmisión del saber y lo mantenga vivo.
¿Cómo se convirtieron el material digital, el Super 16 y los archivos en un único lenguaje cinematográfico?
Era esencial que todas las capas de la película se entretejieran y formaran parte de un mismo todo: la memoria presente, la memoria familiar y la memoria colectiva. El Super 16 me parecía indispensable para el territorio del ensueño, los recuerdos y las visiones. Hay algo en la vibración del celuloide, sus colores, su ritmo y su textura, que le daba la densidad que sentía que necesitaba. Disponer de los archivos de la UNAM y de los fondos familiares de los Calders y Artís-Mercadet fue un auténtico regalo creativo. Teníamos claro que no queríamos usar el material de archivo simplemente para ilustrar un relato; queríamos que entablara un diálogo más poético y emocional con el viaje de la protagonista. El montaje consiste en crear constelaciones y establecer conexiones, y esa es la parte más fascinante.
¿Cómo influyeron en la película la biografía y la práctica musical de Angélica Castelló?
Me atrajo por su práctica artística y por el hecho de ser una creadora latinoamericana afincada en el extranjero. Para mí era crucial retratar a una persona de cincuenta y tantos que dejó su país para dedicarse a su pasión, la música, y mostrar un tipo de mujer que rara vez se ve en pantalla. Angélica fue clave en la construcción del personaje de Adela; de hecho, la película tal como es ahora surgió de nuestros diversos encuentros. Aunque el personaje refleja mucho de Angélica, ambas teníamos clarísimo que queríamos trabajar a través de una figura de ficción.
¿De qué manera la perspectiva internacional de la película moldeó el proyecto?
Me interesa mucho trabajar de forma transterritorial. En Perú hubo dos factores clave: la presencia de Lucho y su relación con Adela. Ese concepto del guía, físico y espiritual a la vez, resultó fundamental para concebir el viaje. La película pone en juego muchas cuestiones: la cuestión colonial y su impacto paradigmático en el lingüicidio; la defensa de las lenguas indígenas y su valor colectivo, y la representación del multilingüismo como una realidad social viable. Está el paralelismo con el catalán, hallado en un lugar inesperado y a través de personajes inesperados, y la manera en que la lengua catalana, a medida que se desvanece de la vida de Adela, sigue siendo un espacio emocional profundamente significativo.
¿Qué esperas que el público internacional reciba de la película?
Me emocionaría profundamente que personas para quienes la realidad del exilio resulta más lejana salieran de la proyección y profundizaran en el tema, en línea o preguntando a sus seres queridos y mentores. El cine, más allá de contar historias, sirve como registro tanto de nuestro presente como de nuestro pasado. La película habla de la necesidad de escuchar, de la importancia de transmitir y de cómo actuamos como emisores y receptores de la memoria.
(Traducción del inglés)
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