Alejandra Guimerà y Marc Crehuet • Creadores de In vitro
“In vitro se acercaría más a una serie de psicólogos que de médicos”
por Alfonso Rivera
- Los responsables de la serie hablan, entre otros temas, de reproducción asistida, inspiraciones próximas, creación de vida y diversidad familiar

El décimo Festival de Cine de Santander acaba de proyectar, dentro de su sección Series, In vitro, creada por Alejandra Guimerà y Marc Crehuet, quien también la ha dirigido, y protagonizada por David Verdaguer y Bruna Cusí (que ya coincidieron en Verano 1993). Esta ficción está producida por Moiré Films, Rodar y Rodar y 3Cat, y llegará en otoño a este canal de televisión y a la plataforma HBO Max.
Cineuropa: ¿Es esta una serie para padres, para quienes desean ser padres o para quien aún no se ha decidido?
Alejandra Guimerà: Para todos. Incluso para quienes no quieren ser padres, porque también habla de eso: de no tenerlo claro, de preguntarse si realmente quieres serlo o no, y de la presión social que todavía existe alrededor de esa decisión. A veces parece que tener hijos sea un paso obligatorio en la vida adulta, y la serie también quiere cuestionar eso.
¿Qué temas éticos, científicos y candentes expone?
A.G.: Habla de realidades concretas. Por ejemplo, que los 40 no son los nuevos 30, biológicamente hablando. También de cómo la reproducción asistida es un avance científico maravilloso, que permite formar familias a muchas personas que no pueden concebir de forma natural y que también ha abierto la puerta a modelos familiares diversos. Pero, al mismo tiempo, es un ámbito que mueve mucho dinero y que necesita límites. En Europa hay debates alrededor del marco legal, el anonimato de los donantes, el turismo reproductivo o hasta qué punto determinadas leyes pueden favorecer un negocio. Nuestra intención no era juzgar, sino poner todos esos temas sobre la mesa. Informar, abrir preguntas y mirar esa realidad desde lugares distintos.
¿Es la comedia la mejor manera de tratar temas serios?
Marc Creuhet: No sé si es la mejor, pero es la que a mí más me gusta. Siempre he intentado hacer comedia que contuviera elementos de drama o con una base dramática potente. En el caso de In vitro, creemos que hay una buena definición para el género en el que se enmarca: “dramedia”. Porque pensamos que no podía ser pura comedia, porque corríamos el riesgo de frivolizar el sufrimiento asociado a la reproducción asistida; pero tampoco queríamos hacer un drama puro, porque hubiese sido demasiado intenso.
¿Os habéis documentado, además de vuestra propia experiencia, conociendo a muchas parejas que deseaban ser padres a toda costa?
A.G.: Sí. Por suerte o por desgracia, teníamos un entorno muy cercano que también había pasado por tratamientos: mi hermana mayor, la hermana de Marc, amigas íntimas… Nos tocaba de cerca. Además, hicimos entrevistas para entender la enorme diversidad de casos que existen y los nuevos modelos familiares que han ido apareciendo alrededor de la reproducción asistida. Hablamos con pacientes y con profesionales: embriólogos, ginecólogos, clínicas…
Desde el primer minuto se aborda esa diversidad familiar, un tema muy actual. ¿Sería impensable hace años una serie como esta?
A.G.: Probablemente sí, o al menos habría sido más difícil. Pero la diversidad familiar existe desde hace mucho tiempo. Lo que pasa es que durante años no se le ha dado visibilidad. Para nosotros era importante mostrar esa realidad de una forma natural, porque muchas personas la viven todavía con silencio, tabú o incluso culpa. La serie intenta acompañar esas historias y darles espacio.
¿Qué la distingue de otras ficciones ambientadas en hospitales?
M.C.: Muchas cosas. Para empezar, aunque en la reproducción asistida interviene la medicina, también es un trabajo de los biólogos que ejercen de embriólogos, seleccionando espermatozoides y óvulos, creando embriones... creando vida. Es un trabajo poco conocido y fascinante, y decidimos que nuestros protagonistas tenían que ejercerlo. Además, el proceso de reproducción asistida conlleva un viaje emocional profundo y muchas veces doloroso. Así que tienen mucho peso los procesos psicológicos de los pacientes. Por eso, In vitro se acercaría casi más a una serie de psicólogos que de médicos.
¿Qué aspecto más profundamente personal vuestro hay en ella?
A.G.: Aparte de nuestro hijo, que está en el origen emocional de todo esto, la serie tiene muchas pinceladas de lo que vivimos durante nuestros propios tratamientos. Estuvimos varios años entre tener nuestro primer hijo e intentar tener un segundo, que finalmente no llegó, porque decidimos poner límites y parar. Y creo que eso está presente en la serie: la ovodonación, el duelo genético, el deseo, el cansancio, la esperanza, el miedo y también la necesidad de saber hasta dónde quieres llegar. Todas las historias capitulares tienen algo de nuestras vivencias o de experiencias muy cercanas.
¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.
















