SAN SEBASTIÁN 2026 Competición
Roberto Bueso • Director de El mal padre
“Intento no caer ni en la frialdad, ni en la sensiblería”
por Alfonso Rivera
- El cineasta valenciano, que compite por la Concha de Oro, aborda asuntos como la paternidad tóxica, el miedo a parecerse al progenitor y el vértigo de la procreación

Roberto Bueso había pasado con sus anteriores trabajos (La banda, Llenos de gracia) por festivales como Málaga o el propio San Sebastián (en el apartado Made in Spain), pero ahora participa en su sección oficial a concurso con El mal padre. De eso y de los temas que incluye la película habla a continuación.
Cineuropa: ¿No es un poco spoiler el título de la película?
Roberto Bueso: Un poco sí. El personaje central es mal padre para esos hijos que han crecido con una herida grande. Pero él es un tipo que, por mucho que se haya equivocado, aunque tenga esa gran etiqueta encima, lo intenta enmendar; pero provoca rabia que tenga que ser en el último momento, pues ya no sabes si es un acto egoísta, de generosidad o no. Porque esos chicos no han crecido con un padre al lado.
¿Hay algo de inspiración personal en el guion o está basado en algún caso famoso?
Es una figura, la del mal padre, que se ha repetido mucho, aunque yo tuve un buen padre, pero no exento de errores, cosa común en la generación de nuestros progenitores y que la nuestra está intentando enmendar, aunque cometamos otros que vendrán a denunciar nuestros propios hijos. El origen del guion de esta cinta tiene que ver con el fallecimiento de mi padre y con la noticia, unos meses más tarde, de que mi mujer y yo íbamos a ser padres por primera vez… Porque estábamos asustados ante la realidad de serlo, podíamos tener más o menos un buen ejemplo cerca, pero cosas no muy acertadas que habíamos mamado en casa no las podíamos repetir ahora nosotros. Hoy se está llevando a cabo una revisión de la figura del hombre y ocurre asimismo con la del padre.
¿No crees que el rol que interpreta Eduard Fernández en tu largo tiene que ver con el patriarcado estricto, del que esos mismos padres también han sido víctimas?
Totalmente, y tiene que ver con construir la masculinidad a través de la virilidad. Creo que, en la medida en que podamos liberarnos de eso, seremos más vulnerables, podremos hablar de lo que estamos sintiendo, sin esa losa de tener que ser fuertes, sino ser uno mismo y poder decir en voz alta que necesitamos ayuda o que no sabemos hacer algo... Eso es muy liberador y humano. Eso está cambiando, afortunadamente: es un gran avance.
También en la película aparece el terror de los vástagos a parecerse al mal padre.
A mí me empieza a pasar, pues veo tics, gestos, frases que creía que no tendría y que me dolían de mi padre, y estoy intentando quitármelos. Por ejemplo, castigar con el silencio, cuando mi padre se pasaba tres días callado. Mi mujer ha hecho mucho trabajo conmigo, porque yo sentía que a veces mi automatismo me llevaba a hacer eso mismo. Intentamos no repetir los errores.
Pero algunas cosas están grabadas en nuestro disco duro, ¿no?
Porque las hemos normalizado y acaban en costumbre. Lo has visto continuamente y creces con ello; liberarte de eso no es fácil. Y cuando tienes un padre ausente estás todo el rato queriendo ganar ese aprecio que te debe y ser validado es muy importante: ¡es tan doloroso cuando un padre no te da ni siquiera eso!
Los diálogos del film son naturales, divertidos y emotivos. ¿Cómo se alcanza ese equilibrio?
Cuando conoces bien a los personajes, les tienes cariño, les tratas con respeto y buscas que se empoderen en el proceso de escritura. Te diría que hay algo de intentar contarlo con honestidad y ahí la comedia y el drama están muy entrelazados. Intento que en mis películas ocurra eso. Me cuesta mucho ponerle etiquetas a lo que hago. Creo que así ocurre en la vida, donde se mezcla todo: estamos aquí tan relajados y dentro de un rato estás llorando y luego riendo.
¿Es, por lo tanto, El mal padre una cinta optimista?
Quiero creer que sí. Hemos intentado, de nuevo te lo digo, ser honestos en el dolor de estos personajes. Procuro no hacerlo nunca de manera ñoña. Para mí es igual de terrible ser frío, tener pudor de la emoción. En cualquier caso, son los límites en los que intento no caer: por un lado, la frialdad, y en el otro, la sensiblería. Busco equilibrio entre emoción y sensibilidad en mis películas, que son difícil de definir como comedia o drama, porque son films de personajes.
¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.
















