SAN SEBASTIÁN 2026 New Directors
Thomas Woodroffe • Director de Bloques erráticos
“La violencia de esas imágenes también reside en la forma en que miran a las personas”
por Cristóbal Soage
- El cineasta chileno habla de la violencia inscrita en el archivo y de la necesidad de que el cine se resista a la estandarización formal

En su primer largometraje, Bloques erráticos, proyectada en la sección New Directors del Festival de San Sebastián, el cineasta chileno Thomas Woodroffe resucita el fantasma de un camarógrafo expedicionario para enfrentarse a un singular registro etnográfico de Tierra del Fuego. El director habla de la violencia inscrita en el archivo y de la necesidad de que el cine se resista a la estandarización formal.
Cineuropa: ¿Cómo nació Bloques erráticos?
Thomas Woodroffe: Descubrí Voyage à la Terre de Feu en la Cinémathèque de Toulouse. La película se rodó durante una expedición francesa dirigida por Paul Castelnau y contiene imágenes extraordinarias de los pueblos indígenas de Tierra del Fuego. Yo ya había investigado las fotografías de Martin Gusinde, muchas de las cuales fueron escenificadas: se pagó a personas selk’nam con ovejas para que repitieran rituales ante su cámara. La película de Toulouse presentaba la misma contradicción. Es un registro amplio y quizá único, pero también manipulado y construido desde una mirada colonial.
¿Dónde percibiste la violencia de ese archivo?
En varias escenas, las personas parecen ebrias o fuman directamente hacia el objetivo; todo indica que los cineastas les proporcionaron el alcohol y los cigarrillos. Sin embargo, la violencia no reside únicamente en esos actos, sino también en la posición desde la que se crearon las imágenes: quién mira, por qué y desde dónde. Quería que Bloques erráticos funcionase como una clave para leer ese archivo, en lugar de limitarse a reproducirlo. Por eso, toda la película está vista a través de los ojos del fantasma.
El proyecto comenzó como un ensayo documental. ¿Por qué incorporaste la ficción?
Yo procedo de la ficción y el lenguaje documental que probé al principio nunca terminó de parecerme propio. La guionista Valeria Hofmann me ayudó a introducir el fantasma y la dimensión de ciencia ficción. Dos películas chilenas fueron referencias importantes: Sueños de hielo, de Ignacio Agüero, y Brise-glace, de Raúl Ruiz. Ambas parten de material documental, pero permiten que una presencia ficticia —un fantasma o una voz en off— lo perturbe. Ese espacio híbrido acabó dándole forma al proyecto.
¿Cómo influyó en la película un proceso de producción tan poco habitual?
Empezamos con viajes exploratorios en los que reconstruimos la ruta de la expedición a partir de los diarios del camarógrafo. El azar pasó a formar parte de la investigación: encontramos una ballena muerta e incluso filmamos el rodaje de Los colonos, de Felipe Gálvez. Después de aquellos viajes escribí la voz en off y emprendimos un rodaje de 40 días. Las escenas en Francia fueron las últimas y se filmaron en la propia Cinémathèque, con miembros de su equipo real y Denis Lavant. La película se escribió tanto a través de esos encuentros como sobre el papel.
No retratas a Castelnau como un simple villano. ¿Por qué?
Sus ideas no eran excepcionales en la Europa de 1925, sino que formaban parte del discurso dominante de la época. Eso no lo exculpa, pero complica nuestro juicio. Nosotros también normalizamos hoy formas de violencia que dentro de un siglo resultarán horribles. En la película, la colonización contemporánea del paisaje dialoga con la violencia colonial del pasado. Estoy seguro de que mi propio trabajo será cuestionado en el futuro, y así debe ser.
¿Cómo condicionó tu propia posición la aproximación a la historia indígena?
Como chileno procedente de la capital, yo también soy extranjero en Tierra del Fuego. No podía apropiarme de un discurso indígena ni fingir que hablaba en nombre de esas comunidades; los pueblos indígenas deben hablar por sí mismos. Mi responsabilidad consistía en reconocer desde dónde estaba mirando y hacer visible esa posición, en vez de ocultarla tras una voz documental aparentemente neutral.
La película plantea una propuesta formal exigente. ¿Te preocupa llegar a un público amplio?
No mido una película por el tamaño de su público. Los cineastas que me conmueven (Marguerite Duras, Chris Marker, Kiro Russo, Teddy Williams o Michelangelo Frammartino) amplían las posibilidades del cine. Hoy las películas están cada vez más estandarizadas, mientras se subestima a los espectadores y todo se juzga según un consumo inmediato, como ocurre en las plataformas sociales. Pero el cine puede sobrevivir a su propio presente. 2001: Una odisea del espacio, India Song o las películas de Apichatpong Weerasethakul no se hicieron únicamente para el público de su estreno. Necesitamos cinefilia, curiosidad y obras dispuestas a asumir riesgos formales.
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