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SAN SEBASTIÁN 2026 New Directors

Javier Giner • Director de Esta soledad

“Esta soledad es casi una película sobre el agotamiento”

por 

- El cineasta vasco explica su regreso emocional a su Bilbao natal, su afecto por los personajes imperfectos y la dimensión política de la intimidad

Javier Giner • Director de Esta soledad
(© 2026 Dario Caruso para Cineuropa - @studio.photo.dar, Dario Caruso)

Tras el éxito de la serie Yo, adicto, Javier Giner debuta en el largometraje con Esta soledad, un drama presentado en la sección New Directors del Festival de San Sebastián protagonizado por Oriol Pla y Marina Salas sobre dos antiguos amantes atravesados por el duelo, la precariedad y el cansancio. Hablamos con él.

Cineuropa: ¿Cómo abordaste Esta soledad después de la exposición que supuso Yo, adicto?
Javier Giner: Yo, adicto fue una explosión muy hermosa en mi vida, pero hubo momentos en los que esa experiencia se unió a una sensación de sobreexposición y de hartazgo de mí mismo. Esta soledad funciona en parte como una respuesta: supone volver a empezar con algo más pequeño, áspero, silencioso e íntimo. Existe un cordón umbilical entre ambas obras, pero aquí cambio de registro. Si Yo, adicto no hubiera existido, esta sería una película completamente diferente.

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La película no es abiertamente autobiográfica, pero parece contener mucho de ti.
La siento tan autobiográfica como Yo, adicto, aunque ahora me esconda detrás de personajes y de una ficción completa. Soy Leo, Lorea e Irati; estoy en cada plano. El Bilbao de la película también es mi Bilbao. No sé crear desde un lugar que no me atraviese, me despierte curiosidad o me emocione. Si no quiero profundamente a los personajes, no sé hacer una película.

¿Por qué trasladar la historia de Madrid a Bilbao?
La primera versión del guion transcurría en Madrid, pero después de Yo, adicto la reescribí por completo para llevármela a Bilbao. Fue una especie de regreso a casa: volver a un lugar seguro, a una ciudad que conozco y que me ha hecho quien soy. También me permitió recuperar una parte más reflexiva de mí mismo. Soy sociable y muy mamarracha, pero disfruto de la soledad y del silencio. Muchas de esas decisiones solo cobran sentido a posteriori.

Has vuelto a trabajar con Oriol Pla y Marina Salas. ¿Qué representa esa continuidad?
Con Oriol y Marina aparece una idea muy vasca: la cuadrilla, el grupo, la familia elegida. Pienso en nosotros como una compañía teatral, una pequeña troupe. Cuando escribí a estos personajes, no contemplaba otra opción. Me gusta trabajar con personas a las que quiero y admiro, con quienes existe una confianza enorme. Esa forma de crear también permite integrar a quienes llegan por primera vez y construir un terreno común.

La película aborda una soledad colectiva. ¿Por qué nos cuesta tanto conectar?
No tengo una respuesta cerrada, y la película está más interesada en formular preguntas que en resolverlas. También me siento desorientado y solo a veces. Puede existir una responsabilidad individual, pero el sistema nos empuja hacia ese aislamiento: estamos más conectados y, al mismo tiempo, más desconectados que nunca. Vivimos en ciudades superpobladas bajo un turbocapitalismo agotador. Cuando todas tus energías se destinan a mantenerte en pie, ¿desde dónde vas a construir vínculos? La precariedad material condiciona cómo amas, te relacionas y te vinculas.

Tratas a tus personajes con cariño, pero sin idealizarlos. ¿Cómo encuentras ese equilibrio?
Me impongo una regla esencial al escribir: no juzgarlos nunca. No me interesan demasiado las historias de héroes; siempre me he sentido más cerca de las personas marginales, conflictivas o consideradas perdedoras. Me emocionan los personajes imperfectos y rotos, quienes intentan sobrevivir o reconstruirse, pero se equivocan y meten la pata. Busco personajes tridimensionales porque todos hemos querido mal alguna vez. Se trata de aceptar la imperfección, y yo los quiero incluso cuando se equivocan.

Leo y Lorea luchan por sostener sus vocaciones artísticas. ¿Querías hablar también de la creación desde la precariedad?
La película terminó siendo profundamente política sin pretender formular una tesis. Habla de clase, precariedad y agotamiento. Solemos conocer las historias de éxito, pero la realidad más frecuente es la de personas que mantienen su vocación mientras encadenan trabajos alimenticios. Quería apartarme de los focos, los premios y los trajes para mostrar la intimidad de quienes siguen creando en esas condiciones y rendirles homenaje.

¿Qué aportó Luisa Matienzo a la escritura?
Luisa llegó inicialmente como productora ejecutiva, pero venía a casa, se sentaba conmigo frente al ordenador y escribíamos juntos. Al tercer o cuarto día le dije que no me parecía justo continuar si no firmaba el guion: de facto, lo estábamos coescribiendo. La comunicación entre nosotros, desde generaciones y géneros distintos, enriqueció muchísimo la película.

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