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PELICULAS Estonia

La música disco y la guerra nuclear

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La música disco y la guerra nuclear

Una de las películas bálticas más interesantes de los últimos años, Disco and Atomic War [+lee también:
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, de Jaak Kilmi, se presenta como una mezcla de documental y ficción. En realidad, se trata de una mezcla de material de archivo, entrevistas y reconstrucción, sin que ello, ni su equívoco, título mermen su calidad.

Disco and Atomic War relata una historia no muy conocida pero tremendamente interesante de la guerra de propaganda que tuvo lugar desde mediados de los 50 hasta la caída del bloque comunista. Finlandia era un país occidental en las garras soviéticas y no tomaba decisiones sin contar con la aprobación de Moscú.

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Cuando las autoridades soviéticas crearon la sede de la Televisión Soviética de Estonia (SET) en Tallin en 1955, Finlandia no poseía su propia emisora nacional. Pero, dado que Helsinki se encuentra al otro lado del golfo de Finlandia con respecto a la capital estonia, a sólo 89 kilómetros, era fácil para los finlandeses captar la señal de SET. Al poco tiempo fue evidente que la televisión se había convertido en un medio para emitir propaganda comunista, dirigida más a los finlandeses que a los propios estonios.

Cuando EE.UU. se dio cuenta de esta situación, financió la creación de TV Helsinki en 1957 y la ofensiva propagandística cambió de color. Estonia tenía una ventana abierta a un mundo hasta entonces desconocido.

Los problemas técnicos fueron solucionados por singulares personajes que construyeron condensadores especiales para poder captar la señal de la televisión finlandesa. Las largas secuencias de los bloques de apartamentos de Tallin, donde las familias intentaban captar la imagen lo mejor posible en las más variopintas y divertidas maneras, se asemejan a los trabajos de Roy Andersson y se complementan de modo perfecto con las imágenes de archivo en blanco y negro de las cadenas SET y TV Helsinki.

Entonces entra en escena la música disco. Cuando se puso de moda en Occidente en los años 70, la población estonia comenzó a copiarla, obligando a las autoridades soviéticas a crear una variante de esta música, ya que la original contaba con raíces muy fuertes. Pero el mayor evento fue sin duda cuando Tallin pudo ver el primer culebrón importante de la historia de la televisión, Dallas, en 1978.

No hace falta subrayar el impacto cultural que esto tuvo en muchos soviéticos. Como la televisión finlandesa llegaba a Tallin pero no a la zona sur del país, Kilmi, que en aquella época iba al colegio, mandaba un resumen de cada episodio a su hermana, que vivía en el sur. La reconstrucción de las escenas en las que la chica lee estas tramas a sus amigos y vecinos no tienen precio y son el punto álgido de la película.

El estonio Kilmi retoma la tradición del documental finlandés y la coloca en el contexto del comunismo con resultados magníficos. La cinta resulta tan entretenida como informativa, una auténtica delicia para los espectadores de todos los gustos. Un cineasta al que tener en cuenta.

(Traducción del inglés)

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