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El pathos clásico impulsa la acción de White White World, de Novković

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El pathos clásico impulsa la acción de White White World, de Novković

Oleg Novković ha realizado con White White World [+lee también:
tráiler
ficha de la película
]
una clásica tragedia griega envuelta en una historia balcánica. Y es precisamente este elemento clásico la fuente de la enorme potencia que han sabido reconocer los jurados de Locarno, Cottbus y Mar del Plata.

Ambientada en una población minera de Serbia llamada Bor, que un día fue el más grande yacimiento de bronce de toda Europa y hoy no es más que un deprimente lugar lleno de gente sin trabajo ni rastro de felicidad, a la historia no le falta desde luego elementos trágicos. King (Uliks Fehmiu) es un ex boxeador que trabaja como camarero y se acuesta con Rosa (Hana Selimović). Su padre, Animal, fue su entrenador y fue asesinado por la madre de Rosa, Ružica (Jasna Djuričić), que acaba de salir de la cárcel tras cumplir una condena de diez años. Rosa odia al nuevo novio de su madre, Beli (Boris Isaković). Pasa muchos tiempo con Tiger (Marko Janketić), un joven perdidamente enamorado, con el cual comparte bebidas, porros y heroína. King se acuesta tanto con la madre con la hija, si bien incluso esto es un modo excesivamente romántico de describir su relación con las mujeres. Por supuesto, el trágico desenlace estará desencadenado por este extraño trío – y subrayamos la palabra “extraño”.

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La historia rozaría lo ridículo si no fuese por los elementos de tragedia clásica Los personajes y la trama están subrayadas por la música, compuesta por el conocido músico serbio Boris Kovač con letras de la guionista Milena Marković. Los personajes cantan sobre sí mismos y sus vidas, normalmente inmersos en estados de ebriedad, aturdimiento, cansancio o depresión. Las letras, como por otro lado el mismo guión, invierten con frecuencia el orden de las palabras y algunas de ellas son repetidas varias veces en la misma estrofa.

Este es uno de los métodos de que se vale Novković para separar White White World del cine tradicional. Junto al montador Lazar Predojev emplea saltos en el metraje, uniendo escenas casi idénticas en las que los personajes o los objetos están en posiciones ligeramente distintas o en la que varía casi imperceptiblemente el ángulo de la cámara. La impresión es que el tiempo ha pasado, quizás cinco segundos, o cinco minutos u horas, desde el momento anterior.

Precisamente los movimientos de cámara de Miladin Čolaković son un elemento de especial interés. Con frecuencia se mueve de modo abrupto, pasando de la acción principal a un pequeño detalle fuera de ella, para volver luego como si nada hubiese pasado. Čolaković se decanta con frecuencia por el ángulo superior derecho o el inferior izquierdo, que por regla general refleja un cambio en un personaje o que éste tiene una percepción alterada.

Sin embargo, la principal virtud de White White World reside en su desbocada energía, que literalmente sale a borbotones de la pantalla y resultaría imposible de lograr de un modo consciente. Todo el reparto actúa con tal energía que parece que están intentando salir de la película, incluso cuando están solo sentados o cantando. Este modo teatral de actuar podría parecer fuera de lugar en una película más convencional, pero, cuando se encuentran inmersos en este tipo de pathos, es exactamente lo que se espera de los actores.

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(Traducción del inglés)

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