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CANNES 2011 Competición / Austria

Michael sugiere lo peor

por 

Michael sugiere lo peor

Aunque presenta su opera prima como director en la competición oficial del 64° Festival de Cannes, el austriaco Markus Schleinzer está, sin embargo, habituado a frecuentar certamen visto que es el director de reparto de Michael Hanneke desde El Pianista. La influencia del maestro es evidente en Michael [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, y la película, por su tema tabú y la manera como es tratado, mantiene tanto una filiación artística con Happiness, de Todd Solondz, como un lazo directo con la actualidad austríaca marcada por el suceso en torno a Natascha Kampusch.

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Michael describe la relación entre un hombre banal (Michael Fuith) y un niño (David Rauchenberger) al que mantiene secuestrado y del cual abusa sexualmente. A partir de esta perturbadora situación, Schleinzer construye una puesta en escena sin artificios que se centra en el vida cotidiana de ambos protagonistas.

La película filma la rutina con una neutralidad desconcertante y concede poca importancia a los detalles sórdidos o a los puntos de referencia temporales. Así, nunca se refiere concretamente al secuestro aunque una tentativa de rapto de otro niño deje suponer el método y el consecuente lavado de cerebro. En Schleinzer, la sugerencia es más importante que la explicación. Los diálogos se limitan al mínimo indispensable, lo que supone una relación entre un pedófilo y su víctima a pesar de la manipulación de la cual es objeto. La naturaleza subversiva de esta relación es constantemente anestesiada por un tratamiento fundado sobre la observación, sin caer, sin embargo, en la curiosidad morbosa.

Para Schleinzer, el secuestro se asemeja a un hogar disfuncional que posee a la vez los atributos de una pareja y los de una familia monoparental. El hombre y el niño miran la televisión juntos, comen a solos y ambos lavan los platos. Michael va incluso de excursión con su víctima o hace rompecabezas o juega en la nieve con ella. Por la noche, el niño es reconducido a su prisión subterránea donde será encerrado con dos vueltas de llave. El verdugo es organizado y manipulador, pero no tiene nada del personaje maléfico de las películas a suspense. De Michael emana más bien una impresión de espontaneidad y es el poder de esta normalidad que nace el horror.

Schleinzer juega con las expectativas de su audiencia sembrando pistas falsas y suministrando a lo largo de la película indicios sobre el contexto de este crimen y sus implicaciones en la vida del protagonista. No es presentado como un hombre particularmente monstruoso o simpático, pero los espectadores son mantenidos a distancia de sus intenciones, hábil y lentamente descubiertas hasta la asombrosa conclusión.

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(Traducción del francés)

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