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CANNES 2012 Un Certain Regard

Confessions d'un enfant du siècle: el libertino y la devota

por 

- Peter Doherty y Charlotte Gainsbourg se pierden entre sentimientos y deseos en el romanticismo exacerbado y decadente de Alfred de Musset

Confessions d'un enfant du siècle: el libertino y la devota

Adaptar un clásico de la literatura es siempre una aventura peligrosa. Ese es el riesgo que la directora francesa Sylvie Verheyde ha corrido en Confessions d'un enfant du siècle [+lee también:
tráiler
ficha de la película
]
, que se ha estrenado hoy en la sección Un Certain Regard del 65° festival de Cannes.

Inspirada en la brillante novela La confesión de un hijo del siglo de 1836 de Alfred de Musset, la cineasta se sumerge con audacia en el relato de una pasión romántica y existencialista en la época de los redingotes y de los sombreros de copa, en el mundo en ruinas de una joven desorientada, nacida para la guerra, entre hijos del imperio y nietos de la revolución condenados a la ociosidad, al aburrimiento, a la desilusión y a la desesperanza. Un mundo loco protagonizado por la estrella del rock Pete Doherty, que interpreta a Octave, un hombre bueno traicionado por el amor (por su amante y su mejor amigo) que se evade sumergiéndose en una espiral de excesos junto a un grupo dirigido por el nihilista Desgenais (Auguste Diehl). En la cinta encontraremos juego, desenfrenadas fiestas parisinas, el reino del poder del oro y de la burla y la vida de vampiro en la que el joven se sumerge, mezclando placer, hastío y piedad.

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Sin embargo, la muerte de su padre hace que Octave salga de la capital y vuelva a la residencia familiar, donde se encuentra a su encantadora vecina Brigitte (Charlotte Gainsbourg), una viuda de la que se enamora apasionadamente. Los meses pasan y un amor platónico se instala en la pareja hasta que Octave decide declararse, pero ella lo rechaza y resiste tanto tiempo como puede, hasta que él amenaza con poner fin a sus días. A esto le seguirá una pasión alimentada por el malestar de Octave y su convicción de que el amor no existe.

Confessions d'un enfant du siècle está rodada cámara al hombro, enlaza con secuencias musicales e intenta dar un toque moderno a través del su vestuario, pero sus prejuicios terminan siendo un poco pesados. La voz en off de Octave permite destacar la calidad del texto de Musset, pero los diálogos parecen forzados y da la impresión de que los dos actores principales se dejan llevar por su propia inspiración en el momento. El decorado, el vestuario y la iluminación, que hace un buen uso de los colores y las sombras, crean un clima bastante seductor, pero la película oscila constantemente entre su apariencia de época y el naturalismo de sus actores, lo que ofrece un efecto curioso y diferente. En varias ocasiones podemos ver a Octave murmurando antes de dormir: "Dichosos los que escapan de su época", una máxima con la que el largometraje (coproducción francesa, alemana y británica) no termina de cumplir.

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(Traducción del francés)

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