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PELÍCULAS Dinamarca

Crítica: Nymphomaniac. Volumen 2

por 

- Lars von Trier intenta equilibrar cantidad y calidad con el segundo volumen de su copioso díptico que, si no cumple todas las promesas del segundo, se antoja una obra totalmente singular en el panorama audiovisual mundial

Crítica: Nymphomaniac. Volumen 2
Charlotte Gainsbourg y Jamie Bell en Nymphomaniac. Volumen 2

Habíamos dejado a Joe (Stacy Martin) en plena carencia sensorial al final de Nymphomaniac. Volumen 1 [+lee también:
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(crítica) como conclusión de una hábil demostración del concepto de la polifonía sexual. A través de un formidable juego de montaje que mezclaba la pantalla partida, imágenes documentales del mundo animal y el descascarillado de un preludio polifónico de Bach, Lars von Trier daba una alentadora consistencia a lo que era hasta el momento dos horas de enredo cómico-intelectualizado alrededor del sulfuroso tema de la ninfomanía. Con grandes momentos, y junto a otros más pequeños, numerosos fueron los espectadores que habían preferido suspender su apreciación de este primer volumen en el sentido “mágico” que debía lógicamente aportarle Nymphomaniac. Volumen 2 [+lee también:
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. Después de todo, el propio Seligman (Stellan Skarsgård) finalizaba por emitir sus dudas en relación a la racionalidad de la historia de su invitada (Charlotte Gainsbourg), debido a improbables coincidencias y de paralelismos evidentemente oportunistas…

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Cuando nos reencontramos con el personaje de Joe en el segundo volumen, ya está mayoritariamente interpretado por Charlotte Gainsbourg y el paso de testigo entre las dos actrices resulta tristemente más arbitrario que positivamente enigmático. En seguida se escurre una primera esperanza, una de cualquier justificación para el guion, por la prolongada utilización de dos actrices para un único papel. Más tarde, es Jérôme quien sufre una mutación aun más artificial cuando el americano Shia LaBeouf abandona el papel de más edad a favor del actor flamenco Michael Pas. Un buen maquillaje habría sin embargo intensificado la relación de la audiencia con el personaje que hará alarde de sus nuevos rasgos (en esta versión) durante solamente dos escenas… 

El volumen 2 está dedicado a la búsqueda de uno mismo, y los paralelismos entre el viaje del realizador y el de su ninfómana, están por todas partes. Joe busca a la vez su placer perdido y un sentido a su patología. El desvío temporal entre los flashbacks y el momento en el que Seligman encuentra su cuerpo inanimado se estrecha hasta la conjunción en este callejón húmedo –una de las numerosas metáforas lúbricas de la película— que se encuentra también en una de las escenas más intensas de la película, y probablemente una de las más violentas. Más capítulos pues entre dos digresiones, Seligman que se aprovecha para hablarnos un poco de él mismo: “no hay nada sexual en mí”, reconocerá casi en confesión, puesto que compara el concepto del sexo al de la religión, “son conceptos interesantes, pero ni me adhiero al uno, ni al otro”.

Nymphomaniac. Volumen 2 es como un funambulista que realiza a pesar de todo una proeza, pero que no cesa de volver a subir sobre el cable cada vez que se cae por una parte u otra. Así von Trier revisita su filmografía a veces muy inteligentemente cuando apunta a sus años dogma (“mea maxima vulva”) o, al contrario, de manera muy pesada, cuando vuelve a poner los pies en Anticristo [+lee también:
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con grandes pezuñas, que ensucian una realización en efecto liberada, pero decididamente demasiado grosera para una obra de tal calibre, anunciada con tanto estrépito. Mientras Von Trier se divierte con su cine, el espectador tropieza con las paredes de un guion frágil en el que el cable del funambulista está apenas fijo. Las incoherencias se apilan tras otras, sin exploraciones suficientes (¿el coche que arde?, ¿las reapariciones fortuitas de Jérôme?, ¿la reconversión mafiosa à la Dogville [+lee también:
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?) y el climax no está en absoluto colocado en un buen lugar, como si al filo de los montajes y las ediciones impuestas, el centro de gravedad de la película se moviese, haciendo su final algo más anecdótico que cínico. 

Si Lars von Trier estaba realmente satisfecho con su montaje de 7 horas y media, (reducido a 5 horas y media, y después a 2 horas en 2 volúmenes), no habría problema en dirigirse hacia un medio más adaptado a tal producto, como el formato de miniserie que ya había experimentado sin embargo brillantemente hace 20 años (The Kingdom – El reino). Después de todo, si Nymphomaniac. Volumen 1 y 2 demuestra una cosa, es que el realizador danés no se opone a volver marcha atrás…

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(Traducción del francés)

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