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SAN SEBASTIÁN 2016 Competición

Lady Macbeth: la furia irreprimible

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- SAN SEBASTIÁN 2016: Una mujer se rebela contra quienes le rodean (e incluso su propia condición humana) en la contenida y a la vez salvaje película de época del inglés William Oldroyd

Lady Macbeth: la furia irreprimible
Florence Pugh en Lady Macbeth

Una determinada puesta en escena no siempre es sinónimo de un determinado acercamiento a un tema. El director británico William Oldroyd, con carrera como director de teatro, ha elegido demostrar esta máxima en su ópera prima Lady Macbeth [+lee también:
tráiler
entrevista: William Oldroyd
ficha de la película
]
, una cinta en la que todo es aparentemente calmo en la superficie, pero extremadamente revuelto en las profundidades. La película, presentada a competición en el 64° Festival de San Sebastián, tras haberse estrenado mundialmente en el 41° Festival de Toronto, es un cristalino ejemplar de un elegante cine de época que envuelve una violenta rebelión contra prácticamente todo.

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La historia está, de hecho, adaptada por la dramaturga Alice Birch de la novela corta del ruso Nikolái Leskov Lady Macbeth de Mtsensk, que a su vez Shostakóvich adaptó a una ópera que el propio Stalin censuró por subversiva. En ella, una mujer (allí Katerina, aquí Katherine) es obligada a casarse con un hombre que le dobla la edad, de buen porte y buena familia, como parte del acuerdo al que habían llegado sus respectivos padres, que ataba a la joven una parcela de terreno, para así hacerla un mejor negocio. En los planos, estáticos, simétricos y sencillos, en los que se nos presenta los personajes ya se atisba lo que será el principal pilar de la película: la fiera interpretación de su protagonista, Florence Pugh, que brilla en cada mirada, gesto y palabra.

Katherine, que supuestamente debe ser recatada y decorosa, estar oprimida en el interior de su casa y cumplir todas las obligaciones para con su impasible y cruel esposo (Paul Hilton), no está dispuesta a llevar este camino. En cuanto él y su padre (Christopher Fairbank), aún más estricto y déspota, dejan la casa temporalmente, ella encuentra una fisura en su mundo encorsetado a través de la cual entregarse a la furia y a la pasión por partes iguales: el siervo de los establos Sebastian (un instintivo y animal Cosmo Jarvis). Katherine, cual mujer decidida a revolucionarlo todo para colocarse en una situación en la que pueda retomar el control de su vida, desatiende sus obligaciones, se vuelve airada, introduce a Sebastian en la casa como si fuese el nuevo señor y desestima cada vez más a su abnegada criada Anna (Naomi Ackie). Pronto, en el momento en el que el plan de Katherine no sale como previsto, se muestra dispuesta a todo, absolutamente todo, para conseguir lo que ella quiere.

Es ahí donde la película crece: en el retrato contenido de una furia que reside en el interior de una mujer negada, de una mujer decidida a luchar por sus deseos en una época en la que al género femenino se le apartaba en los interiores de las habitaciones para atraparlas en corsés y miriñaques y ahogarlas en la desidia. Oldroyd retrata con un gran pulso las consecuencias de tal situación, sin justificarlas, sin juzgarlas, a través de una de esas mujeres, que pierde incluso la brújula moral y la conciencia para enfrentarse directamente a algo tan claro (y tan complicado) como su propia condición humana. ¿Somos, en realidad, malos por naturaleza, y solo nos hace falta que nos pongan en cierta situación para demostrarlo, y ya de paso, sin remordimiento alguno? Katherine tiene algo que decir sobre esto.

La película ha sido producida por Sixty Six Pictures and iFeatures; Protagonist Pictures la vende al extranjero.

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