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RÓTERDAM 2017

La guerra dei cafoni: una desquiciada lucha de clase en Apulia

por 

- Lorenzo Conte y Davide Barletti presentan, en un relato alegórico sobre la lucha entre el bien y el mal, a un grupo de adolescentes en pie de guerra en la Apulia de los años 70

La guerra dei cafoni: una desquiciada lucha de clase en Apulia

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, historia de dos bandas de adolescentes, los “Signori” y los “Cafoni”, en lucha desde siempre por la conquista del territorio.

La cinta es una adaptación de la novela homónima de Carlo D'Amicis y pretende ofrecer una alegoría de la lucha entre las clases burguesa y proletaria en la hipotética isla de Torrematta, en la Apulia rural de los años 70.

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Los protagonistas de esta lucha son los capos Francesco Marinho, para los “señores” (al que pronto bautizan con un nuevo nombre: Maligno) y el “paleto” Scaleno. Marinho y Scaleno llevan enfrentados desde que nacieron, según los autores de la película, sin aparente motivo, si bien el motivo aparece claro para el espectador: los “señores” (signori) quieren seguir siendo señores y los “paletos” (cafoni) quieren convertirse en señores. El outsider, al que representaría la pequeña burguesía, es Cugginu: un chaval sin escrúpulos proveniente de la ciudad, tosco, arrogante y dispuesto a pillar tajada y títulos.

Será Cugginu quien triunfe derrotando a Maligno (quien, mientras tanto, se enamoró de la aldeana Mela) robándole tierras y símbolos de poder (la tragaperras, la moto, el castillo). Tal es el torpe epílogo que hace vanos los esfuerzos de la cinta por representar alegóricamente una realidad política que todavía hoy perdura: la alta burguesía nunca ha sido derrotada (no en Italia, por lo menos) y, más que combatir con la pequeña burguesía, se ha ligado a los daños de los paletos, obviamente. Se aprecia, sin embargo, el uso del dialecto por parte de los protagonistas y la elección de representar todas las variedades lingüísticas presentes en la región, desde el salentino hasta el barés, que ayudan a codificar las clases sociales de referencia, éstas sí, bien descritas: el prólogo del film, de hecho, está en griego bizantino.

Vale la pena asimismo recordar que toda la realización de la película fue un laboratorio para los actores, todos adolescentes no profesionales, quienes durante un año aprendieron sobre el terreno lo que significa hacer cine, de manera que la participación en la película no fuera solamente algo pasajero sino el principio de un recorrido artístico y profesional que vaya más allá de la película en cuestión, como el personaje de Mela (no nos sentimos con la legitimidad de definirla como paleta, por mucho que pertenezca a este grupo), la única capaz de ver las luces más allá de la isla de Torrematta.

La idea de un futuro a cargo de Mela es, por tanto, la única alternativa ofrecida por la arrogancia de la burguesía media encarnada por Cugginu, cara a cara con los vicios de momento: “Antes moríamos de hambre; ahora la pedimos”, comenta el barista mientras Cugginu sorbe su aperitivo, anticipando el rápido cambio de decenios que está a punto de acontecer, los de la “Milán para beber”, para entendernos. Es una de las bromas más logradas del film. A la obra le falta, sin embargo, el rigor necesario para convertirse en el fresco social que pretende ser, logrando, en cambio, restituir un paisaje natural humano y social arcaico, el del sur de la Italia preindustrial, antes de que i Signori e i Cuggini decidieran destruirlo en honor de la lucha contra i cafoni.

La cinta es una producción de Minimum Fax Media y La Luna, con la participación de Rai Cinema. La distribuirá en Italia Ismaele Film y la vende al extranjero Rai Com.

(Traducción del italiano)

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