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D’A 2017

Los objetos amorosos: sudamericanas por el mundo

por 

- Tras obtener el premio FIPRESCI de la sección Resistencias en Sevilla 2016, el film de Adrián Silvestre recorre festivales desvelando el ángulo cotidiano, duro y luchador de unas emigrantes en Roma

Los objetos amorosos: sudamericanas por el mundo
Laura Rojas Godoy y Nicole Costa en Los objetos amorosos

La ciudad eterna no es sólo ésa que aparece en las postales y guías de viaje. Tampoco todo aquel que llega allí, con una maleta a rastras, va a la caza de selfies con monumentos al fondo. Pero para que el enjambre de turistas encuentre sus camas hechas y sus hoteles impolutos, todo un ejército de trabajadoras (la limpieza sigue siendo una tarea encomendada mayoritariamente al sexo femenino), que no aparece en programas de televisión que piropean los triunfos de emigrantes en diferentes rincones del mundo, se encarga, por unas recompensas salariales abusivas, de que todo esté en su sitio. Adrián Silvestre (Valencia, 1981) conoce de cerca el mundo de la inmigración y lo ha reflejado en sus cortometrajes previos, y con su primer largo, Los objetos amorosos [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, insiste en esta labor de concienciación, con resultados que fueron sobradamente alabados durante la última edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde recogió el premio a la mejor película de la alternativa sección Resistencias (leer noticia). Ahora se proyecta en el D’A Film Festival de Barcelona.

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Los objetos amorosos está dividida en tres partes. Durante la primera, Luz, conoceremos a esta madre soltera, que ha dejado a su bebé al cuidado de su hermana, en su país natal, Colombia, para emigrar a Roma: allí tendrá que compartir habitación con tres personas más y sufrirá un robo tras aterrizar, mas su afán por adaptarse y superar las adversidades le llevará a aceptar sumisamente cualquier tarea. La segunda se centra en Fran, chilena, libre, independiente, descarada e inconformista, que conoce a Luz en una cita a ciegas: su sueño es residir en algún paraíso tropical donde no ser una esclava. En la tercera, titulada como el film, se muestra la relación, especial y tormentosa, entre dos personas diametralmente opuestas.

Mientras Luz (encarnada por Laura Rojas Godoy) es una mujer de valores tradicionales que considera a la familia un ente sagrado, Fran (Nicole Costa) es todo lo contrario: un ser sin corsés, desencantado y aventurero. El choque entre ambas hará saltar chispas, pero también germinará en una amistad única, imprevisible e irrepetible. Silvestre (formado en la Complutense de Madrid, la ECAM y la escuela internacional de cine de San Antonio de los Baños, en Cuba, montador y profesor de cine) rodó durante un mes esta película, tan independiente y modesta como repleta de verdad gracias a la intervención de actores no profesionales junto a otros que sí lo son, ofreciendo otra visión (más bien incómoda) de la frecuentadísima capital italiana, de las relaciones personales y del proceso de integración de quienes tienen que adaptarse a un nuevo entorno social.

Y lo hace con humildad, sin manipulaciones, con largos planos secuencias y diálogos improvisados, captados de la realidad, depositando su confianza en sus actrices, a quienes sabe escuchar. Filmando –con un equipo de apenas una decena de técnicos- en escenarios tan especiales como la Real Academia de España en Roma, en cuyas instalaciones vivió mientras disfrutaba de una beca creativa.

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