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VENECIA 2017 Orizzonti

Marvin: un mal comienzo antes de la buena suerte

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- VENECIA 2017: Anne Fontaine presenta con destreza la emocionante trayectoria y la búsqueda de identidad de un joven muy distinto a su opresor entorno

Marvin: un mal comienzo antes de la buena suerte
Finnegan Oldfield y Charles Berling en Marvin

"Llegar a ser alguien distinto: uno mismo. Arrancarse el corazón y salir corriendo". Se entiende que va de un recorrido iniciático lleno de claroscuros la obra de la cineasta francesa Anne Fontaine titulada Marvin [+lee también:
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ficha del filme
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y presentada en la sección Orizzonti de la 74ªMostra de Venecia: un viaje existencialista que empieza como "una experiencia radical del exilio", puesto que "el niño pobre, triste y gay no se siente bien en ningún sitio, es un extranjero en su propia casa, entre los suyos". Este exiliado interior es Marvin Bijoux (encarnado, a sus 14 años de edad, por Jules Porier y después, de joven adulto, por Finnegan Oldfield), un chico con muchísimos puntos en común con el adolescente protagonista de la impactante novela autobiográfica En finir avec Eddy Bellegueule, que permitió a Edouard Louis gozar de un gran éxito en librerías en 2014, lo que desembocó en la escritura del guion de la mano de Anne Fontaine y Pierre Trividic, quienes, no obstante, se alegaron de la fuente original al imaginar su escapada hacia un mundo más grande que el de su pequeño pueblo natal.

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Marvin vive en Vosgos, en un medio social de lo más modesto en el que la cultura brilla por su ausencia y las relaciones humanas son cuando menos bruscas. Se cenan patatas fritas frente a la tele, el padre (Grégory Gadebois) hinca el codo sin parar de pensar en el aperitivo siguiente y Marvin es un adolescente delicado, sensible y tímido en mitad de “brutos” que ríen la gracia de su madre (Catherine Salée) al apodarlo “el esqueleto”. Marvin comparte habitación con su hermano pequeño y con su hermanastro mayor y sufre en la escuela un violencia y acoso homófobos que le plantean más dudas sobre su identidad sexual, dudas que, lo sabrá después, su familia también tiene ("¿a qué viene ese amaneramiento de maricón? ¿quieres avergonzarnos?"). Para su padre, la homosexualidad es “algo de degenerados, como una especie de enfermedad mental".

Como una flor del desierto en un entorno en el que el machismo está fuera de toda duda, Marvin se topará por casualidad con una oportunidad para refugiarse en un curso de improvisación en la escuela y en el apoyo benévolo de la directora del centro (Catherine Mouchet). Al cabo de una audición para la clase de teatro del instituto de Epinal, abandona (no sin dificultad) a su familia y se marcha a un internado. A este giro le seguirán tres encuentros propicios unos años más tarde: uno con Abel (Vincent Macaigne), profesor del centro de arte dramático de Nancy, que le acoge bajo su ala protectora y le enseña París; con Roland (Charles Berling), que le abre las puertas de un mundo artístico de altura en el que Marvin no acaba de encontrar su sitio ("los tormentos del pequeño maricón que encontró un atajo por las camas"), y con una cierta Isabelle Huppert (que se encarna a sí misma) que lo ayudará a llevar su historia al escenario. En la representación, la familia de Marvin queda en ridículo, lo que conllevará una serie de consecuencias en la existencia del ya joven adulto, un hombre que consiguió labrarse una nueva identidad expresando artísticamente su profundo malestar sin dejar de tener perfecta consciencia del lugar del que proviene.

"Lo que importa es lo que tenemos en el fondo de nosotros mismos". Esta búsqueda la presenta Anne Fontaine con un montaje muy sofisticado en el que alterna las diferentes épocas del camino de Marvin. Los flashforwards y las voces en off que leen los textos que ha escrito el joven y que aclaran acontecimientos del pasado se entretejen con destreza en una narración cuyos actores brindan interpretaciones de muy buena calidad (mención especial al carismático Finnegan Oldfield). Y aunque la historia de este "patito feo" y su "hada" pudiera parecer demasiado novelesca, el perfume de melancolía que inyecta la cineasta hace de Marvin un pedazo de verdad bajo la forma de un largometraje tan logrado como emocionante.

Marvin es una producción de Ciné@, P.A.S. Productions y F Comme Film. Su agente de ventas internacionales es TF1 Studio.

(Traducción del francés)

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