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BERLÍN 2018 Competición

Crítica: Isla de perros

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- BERLÍN 2018: Wes Anderson reúne un elenco de voces estelares para su nueva película: una obra de animación en stop motion en la que el estilo vuelve a imponerse a la sustancia

Crítica: Isla de perros

Wes Anderson es uno de los cineastas más particulares que trabajan en la actualidad y posee un estilo tan singular que casi podríamos decir que ha creado un subgénero cinematográfico propio. Aunque en su obra no deja de haber altibajos, su única película de animación hasta la fecha, Fantástico Sr. Fox [+lee también:
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, representó la cima absoluta de su carrera. Ahora, estamos ante su segundo largometraje de animación en stop motion, Isla de perros [+lee también:
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, estrenado a escala mundial como película de apertura de la Berlinale, en curso entre los días 15 y 25 de febrero. Aunque Isla de perros ni se acerca a su predecesora en términos de narración y emocionales, sí resulta indudablemente más ambiciosa y cuenta con una ambientación más exótica.

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La isla a que hace referencia el título se encuentra en Japón y la historia está ambientada en el futuro, a unos 20 años vista. Debido a una serie de enfermedades mortales, el alcalde Kobayashi (Kunichi Nomura), de la ciudad de Megasaki, ha desterrado a todos los perros a la Isla Basura, convertida ahora en un desolado montón de desechos después de sufrir los efectos de una erupción volcánica, un terremoto y un tsunami.

En esto que se estrella en la isla un pequeño avión pilotado por Atari (Koyu Rankin), un huérfano tutelado por el alcalde que, a sus 12 años de edad, volaba en busca de su perro Spots (Liev Schreiber). Los cuatro canes que lo encuentran y se unen en su búsqueda son antiguas mascotas: Rex (Edward Norton), Boss (Bill Murray), King (Bob Balaban) y Duke (Jeff Goldblum). Al principio se muestran reacios a que una criatura abandonada se les una pero acaban aceptándolo y, dada  su energía para buscar a Spots, lo apodan en consonancia como Jefe (Bryan Cranston).

El mundo canino está poblado por muchos otros perros con papeles secundarios, como la estupenda Nutmeg (Scarlett Johansson) y el inteligente dúo compuesto por el sabio Júpiter (F. Murray Abraham) y la profética Oracle (Tilda Swinton). Entre los humanos, encontramos héroes como Dog-Flu (Akira Ito), un científico en busca de una cura, y su asistente Yoko Ono (ella misma), así como una estudiante estadounidense de intercambio y teórica de la conspiración (Greta Gerwig).

En la película, los perros hablan en inglés pero los humanos lo hacen en japonés, ayudados ocasionalmente por la voz de una traductora sentimental llamada Norman (Frances McDormand). Llevados por esta elegancia en los términos entramos en el terreno de la fábula, si bien no tardamos en preguntarnos: ¿a santo de qué vale contratar a todos estos actores superfamosos cuando sus personajes ni siquiera cuentan con algo distintivo que nos permita diferenciarlos del resto con propiedad?

La expectativa no es ni más ni menos que una fiesta visual por parte de Anderson. Y Anderson no falla. El director ha creado un mundo lleno de imaginación y rebosante de detalles a partir de la rica tradición japonesa, que va desde la pintura y el teatro hasta Kurosawa y Ozu; y, habida cuenta del entorno y la temática, la aspereza no falta en el aspecto visual: fábricas en ruinas, un templo cubierto por dunas de arena, el deslavazado pelo de los perros, sus cicatrices y orejas arrancadas y otros elementos deudores del ciberpunk, como perros robot y drones.

Sin embargo, y a pesar de la fantástica factura técnica y de la maestría artística que se adivina detrás de ella, Isla de perros deja sus personajes por desarrollar y la historia no se antoja ni tan urgente ni tan dinámica, como tampoco resulta contagiosa emocionalmente, como cabría esperar desde el principio. Con todo, se trata de una fábula y las emociones básicas conjugadas con la alegoría social deberían bastar para que conecten público y película, invitando así al espectador a apoyar a los perros con todo su corazón. Por lo demás, la impresión artística justifica por sí sola el precio de la entrada en la mejor pantalla disponible; y es probable que la gran cantidad de aficionados al cine de Wes Anderson queden más que satisfechos con su nueva obra.

Isla de perros es una coproducción entre la alemana Studio Babelsberg y las estadounidenses American Empirical Pictures, Indian Paintbrush y Scott Rudin Productions. Su agente de ventas internacionales es Fox Searchlight Pictures.

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(Traducción del inglés)

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