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BERLINALE 2018 Forum

Crítica: Premières solitudes

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- BERLÍN 2018: Claire Simon dirige su cámara hacia la emocionante y espontánea fragilidad de varios alumnos de instituto de la periferia parisina que discuten entre sí sobre sus vidas

Crítica: Premières solitudes

Armados con deportivas, cascos y anillos dentados, se acercan a la edad adulta a medida que se alejan a gran velocidad del mundo de la infancia, con su cortejo de recuerdos a menudo nostálgicos y a veces dolorosos, un presente que flota en sus angustiadas preguntas sobre el futuro y un panorama desolador de familia desestructuradas, sumergidas en la falta de comunicación. Tener 16, 17 o 18 años puede ser, a veces, lo mismo que estar en el infierno y en el paraíso a la vez.

Hacia una decena de alumnos de estas edades, reunidos en los últimos cursos del instituto Romain Rolland de Ivry-sur-Seine, a las puertas de París, ha dirigido su cámara la cineasta francesa Claire Simon para hacer Premières solitudes [+lee también:
tráiler
entrevista: Claire Simon
ficha del filme
]
: un documental conmovedor y justo (hasta en la banalidad que a estas alturas de la existencia aún permanece relativamente protegida) presentado en la sección Forum del 68º Festival de cine de Berlín

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"La vida es complicada". Un dispositivo registra sin adulterarla la palabra de los jóvenes que discuten entre sí, en pareja o en grupo (salvo en la primera secuencia con la enfermera del liceo). Así, la película permite que emerja lentamente el retrato de una generación patas arriba, en especial por la ruptura de las células familiares (separaciones más o menos virulentas con una ausencia total de intercambios, pasando por comidas en las que cada uno va a lo suyo: la madre frente al televisor, la niña frente al iPad). Surgen también, a raíz de una u otra discusión, los problemas del enfrentamiento precoz con la enfermedad mental (la madre de una de las adolescentes es esquizofrénica y está internada, "y mi padre también tiene muchos problemas"), fronteras sociales, lingüísticas y financieras (con la capital gala a dos pasos, tan familiar y, sin embargo, tan premonitora de un futuro inaccesible) o hasta un malestar existencial ligado a la adopción ("me tuvo pena" repite una joven traída de Nigeria, en cuya infancia abandonó a algunos hermanos, con quienes mantiene el contacto, al cabo de una serie de dramas). El cuadro podría parecer sombrío (algunas escenas son muy emotivas) dicho así pero no lo es porque la fuga, la espontaneidad y la frescura de esta juventud y de la compartición de sus vivencias espanta los tormentos.

En los pasillos resuena el sonido de las clases del instituto, desde cuya terraza se ve toda la ciudad. A veces Premières solitudes nos saca de los muros del centro y nos pasea del invierno a la primavera, tendiendo su espejo a Anaïs, Catia, Clément, Elia, Lisa, Hugo, Judith, Manon, Mélodie y Tessa. Algunos se entregan más que otros y la naturalidad de las conversaciones es inevitablemente desigual en función de las personalidades pero varios rostros manifiestan con dulzura una gran fuerza, hasta erigirse en estandartes de la juventud contemporánea y de la adolescencia eterna. La instantánea remueve los recuerdos (buenos y malos) y arroja luz sobre la importancia del intercambio, por muy simple que sea, y de la amistad. El paso es revelador y necesario, pues, como lo indica una de las protagonistas, "lo que pasó pasó; hay que intentar labrarse un presente mejor".

Premières solitudes es una producción de Sophie Dulac Productions en coproducción con Carthage Films. Su agente de ventas internacionales es Wide House.

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(Traducción del francés)

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