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BERLÍN 2018 Panorama

Crítica: Styx

por 

- BERLÍN 2018: Wolfgang Fischer crea una atmósfera claustrofóbica en alta mar donde algunos navegan libremente y otros se ahogan. Premio Label Europa Cinemas en la sección Panorama en Berlín

Crítica: Styx
Susanne Wolff en Styx

Es un recurso que remite a los documentales, pero Wolfgang Fischer (director del thriller psicológico de temática marina What You Don't See [+lee también:
tráiler
ficha del filme
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, 2009) crea una alegoría bien formulada en Styx [+lee también:
tráiler
entrevista: Wolfgang Fischer
ficha del filme
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-presentada en la Berlinale en la sección Panorama-, un comentario incisivo, sobrio, moral y muy actual sobre el estado de nuestro terrorífico y polarizado mundo.

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Tras un magnífico prólogo en el que dos ágiles monos corren libremente por un entorno urbano (con una majestuosidad que sería la envidia de la mayoría de aficionados al parkour), seguido de un violento accidente y luces cegadoras en la noche, el enfoque natural y envolvente de Fischer nos permite acompañar a Rike (Susanne Wolff) -una médico de primeros auxilios- a bordo de su velero, que zarpa desde Gibraltar rumbo a las vacaciones de sus sueños en una isla tropical en el Atlántico. Junto a ella, entre las cuerdas, la audiencia puede disfrutar del sonido del mar, además de la vida tanto sobre como bajo la superficie del agua, pero los espectadores no tardarán en ser conscientes del invasivo poder de las olas sobre esta delicada embarcación. 

En lo que al principio, y erróneamente, parece cine realista, el director evoca una escena claustrofóbica al aire libre cuyos personajes principales son la propia navegante, la radio que le da instrucciones y un adolescente africano que intenta saltar de un barco cargado de emigrantes angustiados al barco de Rike, haciendo que ésta tenga que sacar del agua al exhausto cuerpo y reanimarlo, mientras que los servicios de emergencia a los que ha avisado (y que se toman su tiempo en aparecer) le ordenan no intervenir, en un aumento gradual de crueles excusas: su seguridad debe ser lo primero, su presencia individual provocaría el pánico entre los que se ahogan, y el hombre de la radio no quiere quedarse sin empleo.

Las posturas encontradas de Rike y el joven Kingsley dividirán el conflicto entre ellos en múltiples direcciones – donde la salvadora queda en una situación moral insostenible y en un estado de caos e impotencia absolutos, con seres humanos muriendo ante sus propios ojos. Lo tiene lugar aquí es nada menos que la mayor de las tragedias modernas, la apoteosis de la falta de humanidad, la indiferencia total por parte de la sociedad. Lo que Styx nos plantea -a veces de forma tan directa que la urgencia de la situación resulta casi tangible- es la intolerable escisión que se ha desarrollado entre dos mundos: aquel para el que el mar evoca el paraíso, y aquel para el que el mar es el río del infierno. El mundo que olvida todas las demás necesidades en la lucha por la supervivencia y aquel para el que firmar un formulario es un imperativo categórico mayor que las vidas de otros seres humanos. 

Styx fue producida por la compañía berlinesa Schiwago Film, y coproducida por el grupo vienés Amour Fou. Beta Cinema maneja las ventas internacionales.

(Traducción del francés por Marta Quirós)

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