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VENECIA 2018 Competición

Crítica: At Eternity’s Gate

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- VENECIA 2018: Siguiendo involuntariamente los pasos de Loving Vincent, Julian Schnabel firma un relato amable sobre Vincent van Gogh que, a pesar de sus magníficas imágenes, no aporta casi nada nuevo

Crítica: At Eternity’s Gate
Willem Dafoe en At Eternity’s Gate

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(2010),cinta iniciática sobre una joven palestina, el pintor y director americano Julian Schnabel vuelve a su verdadera pasión para ofrecer una versión íntima de la figura de Vincent van Gogh, cuya transición desde la oscuridad absoluta hasta los posavasos de girasoles siempre ha resultado fascinante. A pesar de centrarse en sus últimos años, en At Eternity’s Gate [+lee también:
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, presentada en competición en el Festival de Venecia, Schnabel no intenta sermonear acerca de la relevancia tardía del artista (o la falta de ella, como todavía argumentan algunos). En lugar de eso, el director intenta comprender la voluntad incansable del pintor, que lo llevó a superar la extrema pobreza, los problemas mentales y el rechazo absoluto. Para ello, dota a su sexto largometraje de una gran ternura, mientras desmiente varios mitos sobre la figura del artista.

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Gracias a una magnífica decisión de reparto, Willem Dafoe es el encargado de enfrentarse al reto, superándolo con aplomo. Dejando a un lado el parecido físico, Dafoe interpreta a van Gogh con un afecto increíble, desviándose de algunos de los aspectos más llamativos de su biografía - que ya han sido explotados al máximo gracias a gente como Kirk Douglas -, e incluso se permite incluir algo de humor. “Jesús era totalmente desconocido cuando estaba vivo”, contesta al escuchar que tal vez debería darse por vencido. Es probablemente en este preciso instante cuando la veneración de Schnabel se hace más evidente. Se trata de una interpretación maravillosa y concienzuda, que sorprende por su nivel de autocontrol, y que de alguna forma consigue transmitir su mensaje sin recurrir a intentos más obvios de entrar en la carrera por el Óscar.

Esto también se debe a que, por fin, no es la locura la que acapara todo el protagonismo, sino la sobrecogedora soledad, expresada a menudo por el propio protagonista: “Quería ser uno de ellos”, dice van Gogh al principio de la película. Es precisamente su necesidad por conectar con otros seres humanos, ya sea con el dueño de una cafetería o con un pintor rival (Gauguin, interpretado por Oscar Isaac), lo que hace avanzar la historia. 

Eso y sus obras de arte, evidentemente, a las que le resulta imposible renunciar y que provocan que su alienación sea aún más fuerte. Filmada de forma maravillosa, con encantadores toques de color y una luz cálida que recuerdan a sus famosas pinturas, At Eternity’s Gate es verdaderamente un regalo para los ojos. Cabe mencionar que, a pesar de que el director de fotografía Janusz Kamiński ha sido reemplazado en esta ocasión por Benoît Delhomme, el punto de vista distorsionado que adopta en algunas ocasiones - acercándose tanto que casi podemos contar las pestañas de Rupert Friend - recuerda inevitablemente a La escafandra y la mariposa [+lee también:
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. Cuando la cara de Emmanuelle Seigner vuelve a llenar la pantalla uno podría pensar que, a pesar de toda la suntuosidad, todo resulta bastante familiar.

At Eternity’s Gate es una coproducción entre Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Ha sido producida por Jon Kilik, Iconoclast Films, Rahway Road y Ingenious Media, así como por Riverstone Pictures y SPK Pictures. El agente de ventas internacionales es la británica Rocket Science.

(Traducción del inglés)

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