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VENECIA 2018 Competición

Crítica: Atardecer

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- VENECIA 2018: En su última película, en competición en Venecia, el director húngaro László Nemes crea un mundo rico y vibrante que, por desgracia, no resulta atrayente

Crítica: Atardecer
Juli Jakab en Atardecer

László Nemes debutó en el año 2015 con El hijo de Saúl [+lee también:
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, un drama sobre el Holocausto con el que el director húngaro ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes. Para su segundo largometraje, Atardecer [+lee también:
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, Nemes ha decidido viajar aún más atrás en el tiempo, hasta el momento anterior al estallido de la I Guerra Mundial. Compitiendo en la 75 edición del Festival de Venecia, Atardecer está ambientada en Budapest, durante los últimos meses del Imperio austrohúngaro. Irisz Leiter (Juli Jakab) llega a una ciudad ahogada bajo el peso de las nuevas ideas políticas, tecnológicas y psicológicas nacidas durante el siglo XIX. Huyendo de Trieste debido a problemas personales, Irisz llega a Budapest esperando encontrar trabajo como modista en una célebre tienda de sombreros que había pertenecido a su familia. Una vez en el establecimiento, descubre que tiene un hermano del que no sabía nada, un personaje misterioso y odiado por muchos. A pesar de todas las advertencias en contra, Irisz está decidida a buscarlo, aunque para ello deba sumergirse en una ciudad sumida en la violencia y al borde del desastre.

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Atardecer comparte muchos elementos con El hijo de Saúl.Está rodada en 35mm y se centra en la misión particular de un personaje desde una perspectiva singular. La cámara sigue a la protagonista mientras se mueve rápidamente a través de distintas localizaciones. El encuadre nos permite entrever el alboroto que reina en la ciudad, y los personajes que Irisz se va encontrando se convierten en pistas de un críptico rompecabezas, casi imposible de descifrar sin la paciencia y el deseo por comprender las reglas del juego. La cinta está hermosamente filmada: en las primeras escenas las calles están saturadas de luz, pero cuando cae la noche la ciudad se parece más a un cuadro de Vermeer, iluminado por la luz de las velas. Los aspectos técnicos de la realización: el trabajo de cámara, el sonido, vestuario y diseño de producción son los puntos fuertes de la película, mientras que el desarrollo de la trama, los protagonistas y la perspectiva subjetiva de la historia no funcionan tan bien.

Ver Atardecer es una experiencia inmensamente frustrante. Al principio de la cinta, tanto la historia como los personajes y la ciudad parecen salir directamente de las páginas de un libro de Dostoyevsky, pero a medida que Irisz deambula por la ciudad la ambientación se pierde en sí misma, como en el caso de El resplandor, de Kubrick. Un sentimiento de tedio se apodera de nosotros cuando comprendemos que la protagonista no va a conseguir reunir suficiente información para que la situación cobre sentido. A causa de ello, la frustración del personaje se traslada al público, mientras que las interacciones en pantalla tienen cada vez menos sentido. Aquellos que logren conectar emocionalmente con la búsqueda de Irisz disfrutarán de un viaje sensorial, mientras que el espectador racional que intente comprender lo que está pasando se sentirá profundamente decepcionado. La película carece de la calidad, la sensación de fatalidad y el manejo del tiempo que tenía El hijo de Saúl, y se parece más a una experiencia teatral inmersiva donde tenemos la impresión de seguir las partes equivocadas de la trama y a una protagonista poco satisfactoria. 

Atardecer es una coproducción entre Hungría y Francia, presentada por Laokoon Filmgroup y coproducida por Playtime Productions. Del mismo modo, las ventas internacionales también corren a cargo de Playtime.

(Traducción del inglés)

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