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TORONTO 2018 Contemporary World Cinema

Crítica: The Factory

por 

- TORONTO 2018: El ruso Yuri Bykov aborda una vez más la corrupción de su país en un drama social que mezcla elementos de thriller y acción con un ambiente claustrofóbico

Crítica: The Factory
Denis Shvedov (izquierda) y Andrey Smolyakov en The Factory

Yuri Bykov, uno de los cineastas rusos más famosos de su generación, comenzó su carrera estudiando interpretación en el prestigioso Instituto Cinematográfico Gerasimov (VGIK). Su debut como director, Live!, le valió el reconocimiento internacional, pero fueron sus siguientes cintas, The Major y The Fool [+lee también:
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, que compitieron en la Semana de la Crítica de Cannes y Locarno, respectivamente, las que cimentaron su posición en el circuito de festivales y salas. Su cuarto largo, The Factory, se prestrenó mundialmente en la sección Contemporary World Cinema del 43er Festival Internacional de Cine de Toronto.

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En las afueras de una pequeña ciudad rusa de provincias, una decrépita fábrica de la era comunista sigue funcionando. Los obreros, muchos de los cuales fueron contratados cuando la industria estaba a cargo del gobierno, no están satisfechos con el nuevo propietario, el oligarca local Konstantine Kalugine (Andrey Smolyakov), que lleva meses sin pagarles. Kalugine, que tiene buenos contactos en el gobierno y los servicios secretos desde la era del KGB, decide declararse en bancarrota. Liderados por el reticente veterano de guerra Alexei (Denis Shvedov), apodado Greyhair, un grupo de trabajadores decide secuestrar a Kalugine y pedir un rescate. Todo sale según el plan, y logran encerrar a su jefe en la fábrica. Sus actos no solo provocarán la intervención de sus guardaespaldas privados, encabezados por Fog (Vladislav Abashine), sino también la de un equipo de SWAT que se dispondrá a asaltar la fábrica. Todo está en juego, sus destinos cuelgan de un hilo. Cualquier paso en falso podría desencadenar una serie imprevista de reacciones en cadena.

En The Factory, Bykov no se desvía de los temas por los que se le conoce a nivel internacional. Como en otras ocasiones, también ha escrito y coproducido la cinta, así como compuesto la banda sonora; además, esta es su tercera colaboración con el galardonado actor Denis Shvedov. Una vez más, el realizador nos brinda una desoladora crítica social de una Rusia nueva y corrupta. Los obreros deben luchar contra un capitalismo hostil que está más dispuesto que nunca a destruir sus vidas.  La principal diferencia con su obra anterior es la decisión de Bykov de tender más al cine de género que al drama social. The Factory comienza con claros elementos de thriller para convertirse después en un film sobre la ejecución de un plan, ambientado en un entorno claustrofóbico, perturbador y decadente. Bykov ya exploró el género del thriller en espacios cerrados en su debut, Live!, pero en esta ocasión, el aspecto social es más prominente.

Por desgracia, The Factory no logra compensar estas limitaciones. Aparte de varios sorprendentes giros de guion, que potencian la tensión de la trama, la historia es bastante simple. Hay una clara metáfora, por la cual la fábrica epónima representa en realidad una Rusia asediada y a punto de ser destruida por sus oligarcas corruptos; pero la impresión que queda es de excesivo simplismo, sobre todo teniendo en cuenta que el lugar se utiliza como ambientación de una serie de diálogos pomposos, casi épicos, sobre la guerra del bien contra el mal, motivo que desmerece el realismo conceptual. Esta vez, Bykov no innova en el aspecto narrativo, y no aporta nada a un tema que ya ha sobreanalizado en el pasado. Visualmente, The Factory está más lograda: durante los momentos de pura acción y cuando sentimos que el tiempo se agota, la ansiedad resulta palpable. Por tanto, The Factory puede resultar una introducción más accesible para el gran público al inquietante mundo de Bykov.

The Factory es una coproducción rusa, francesa y armenia de Charles-Evrard Tchekhoff (Kinovista), Eduard Iloyan (Forever Films Media) y Yury Bykov, en asociación con Coda, Sharm Holding y Wild Bunch, con la participación de Canal+ y Ciné+Kinovista se encarga del estreno en Francia, y Wild Bunch, de las ventas internacionales.

(Traducción del inglés)

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