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TORONTO 2018 Contemporary World Cinema

Crítica: Rosie

por 

- TORONTO 2018: El irlandés Paddy Breathnach aborda en su nuevo drama la crisis de personas sin techo en Irlanda

Crítica: Rosie
Sarah Greene en Rosie

Con su cercana cámara en mano, su estética social-realista y la fuerza de voluntad de la protagonista, hay algo que recuerda a la ganadora de la Palma de Oro de los hermanos Dardenne, Rosetta, en el drama dublinés Rosie [+lee también:
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, proyectado en la sección Contemporary World Cinema del Festival Internacional de Cine de Toronto

El irlandés Paddy Breathnach (I Went DownViva [+lee también:
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) aborda el tema de las personas sin techo en Irlanda, más de 50 años desde que un cuarto de la población británica viera el revolucionario telefilm de Ken Loach Cathy Come Home, provocando una alarma social y la creación de dos organizaciones benéficas para abordar el problema. Ojalá tenga un impacto similar esta historia ambientada en un período de 36 horas sobre la lucha de una madre por encontrar alojamiento para sus hijos. Pero es difícil imaginar que esto suceda, pues vivimos en una era de medios dispersos, y el carácter claustrofóbico de la historia adolece de la escala y monumentalidad de Cathy Come Home o de la ganadora de la Palma de Oro Yo, Daniel Blake [+lee también:
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, cualidades que suelen propiciar un éxito más amplio.

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La idea del film surgió mientras Roddy Doyle, autor premiado con el Booker, escuchaba la radio; una madre contaba los problemas que estaba teniendo para encontrar un sitio donde quedarse con sus hijos después de ser desahuciados. A pesar de que su pareja trabajaba, se habían quedado en la calle por culpa de la terrible combinación de alquileres altos y una baja oferta de viviendas.

El guion de Doyle no se anda con rodeos y deja clara la gravedad de la situación. En un coche en el que transcurren la mayor parte de las escenas, Rosie (Sarah Greene) llama a varios hoteles, intentando encontrar algún sitio para que duerman sus cuatro hijos. Mientras tanto, su pareja, John Paul (Moe Dunford), trabaja su jornada de chef, cobrando una miseria. Es una situación durísima, y durante las siguientes 36 horas, percibimos la vergüenza que sienten al encontrarse en esta situación, el temor por el futuro, y los grandes obstáculos y fuentes de sufrimiento derivados de no tener casa. Rosie tiene que afrontar la huida de un hijo, el ansia de los niños de volver a la antigua casa, la preocupación de un profesor y la repetitividad y monotonía de las llamadas diarias para buscar alojamiento. Esta repetitividad es lo que hace (quizás necesariamente) de Rosie una película difícil de ver. Su vida está maltrecha en todos los aspectos. En una visita a la gran casa de su madre, de quien se ha distanciado, incluso se sugiere una historia de abuso. Cualquier momento de alegría incondicional parece destinado a torcerse por un desafortunado giro de los acontecimientos. Dicho esto, la dinámica de la familia está llena de amor y ternura, y la película tiene el mérito de esforzarse por evitar acusaciones de miserabilismo, a pesar de su delicada temática.

Rosie es una producción de Element Pictures (Irlanda), en asociación con Screen Ireland, la Broadcasting Authority of Ireland y RTÉ. La compañía británica Protagonist Pictures se encarga de las ventas internacionales.

(Traducción del inglés)

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