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SAN SEBASTIÁN 2018 Competición

Crítica: Yuli

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- SAN SEBASTIÁN 2018: Icíar Bollaín dirige la biografía filmada de Carlos Acosta, sin lograr llegar más allá del retrato al uso de una vida ajena, sin riesgo ni piruetas narrativas

Crítica: Yuli
Carlos Acosta en Yuli

En la ecléctica y sorprendente sección oficial del 66 Festival de San Sebastián conviven desde excesos alucinógenos como In fabric [+lee también:
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 hasta películas de corte más convencional, como la Yuli [+lee también:
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 que nos ocupa, nuevo trabajo de la madrileña Icíar Bollaín tras el éxito de premios y público que logró hace dos años con El olivo [+lee también:
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. Como en aquel caso, el dúo que forma la directora de También la lluvia [+lee también:
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 con su pareja sentimental, el irlandés-escocés nacido en la India Paul Laverty (habitual colaborador de Ken Loach), vuelve a sumar fuerzas trasladando a imágenes la autobiografía del bailarín de origen cubano Carlos Acosta: No way home.

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Respaldada por un equipo de primera división como el que forman el director de fotografía Alex Catalán (La isla mínima [+lee también:
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) y el músico Alberto Iglesias (Julieta [+lee también:
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), Bollaín factura un biopic de calidad y brillo al que le falta el brío, la emoción y la energía que sí desprenden los números de baile ensamblados en la trama, interpretados por los bailarines convertidos en actores para la ocasión (incluido el propio Acosta, que se interpreta a sí mismo); momentos musicales y danzantes que han contado con el asesoramiento de la coreógrafa María Rovira: son esos minutos lo más espectacular, emotivo y auténtico de una película que no llega, en el resto del metraje, a transmitir la autenticidad, el tesón y el dolor de la desarraigada vida de su protagonista.

Y es una lástima, porque la carrera profesional y vital de Acosta contiene elementos suficientes para resultar atractiva: siempre luchó contra su padre para no convertirse en bailarín, pero éste le obligó a estudiar danza, sacándole de las calles habaneras para terminar convertido en una celebridad global. Esa ambigua, tensa y contradictoria relación paterno- filial, eje vertebral de Yuli, está mostrada en la película de una manera tan simplista, plana y pobre que no transmite todo la emotividad, duplicidad y complejidad que demanda.

Tampoco la soledad que sufrió el bailarín lejos de su hogar, otro de los elementos dramáticos que podrían insuflar sentimiento y fuerza a esta biografía, se ve reflejada en la pantalla. Menos mal que los mencionados números de baile –que representan momentos cruciales de la vida del retratado- elevan el nivel artístico, visual y emotivo de una película que no consigue despegar del suelo del cine bien facturado y con anhelo comercial, pero poco sorprendente cinematográficamente hablando.  

Yuli está producida por Juan Gordon, de Morena Films, y Andrea Calderwood, de Potboiler Productions, en coproducción con Galápagos MediaHijo de Ogún A.I.E. (España), Producciones de la 5ta Avenida e ICAIC (Cuba) y Match Factory Productions (Alemania). Cuenta además con la participación de BBC Films y Movistar+The Match Factory son los encargados de las ventas internacionales de la película. Entertainment One (eOne) será la distribuidora en España, donde se estrena el 14 de diciembre de 2018.

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