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SAN SEBASTIÁN 2018 Competición

Crítica: High Life

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- SAN SEBASTIAN 2018: Claire Denis nos embarca en una odisea hacia la salvación de la humanidad que sorprende, fascina y arrebata

Crítica: High Life
Robert Pattinson en High Life

Para poder disfrutar en plenitud del último trabajo de Claire Denis es importante no saber demasiado de los detalles de su trama. High Life [+lee también:
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, proyectada a competición en el 66° Festival de San Sebastián, se abre con un breve prólogo en el que un astronauta (Robert Pattinson) arregla en la soledad del espacio exterior los desperfectos en su nave. Mientras, dentro del vehículo espacial, un bebé llora desconsolado en una rudimentaria cuna. Ambos parecen los dos únicos habitantes de este lugar, pero pronto descubrimos que no siempre han estado solos en tan inhóspito escenario. Cuando la película ya sí arranca definitivamente, retrocedemos en el tiempo y vemos que hubo un momento en el que un nutrido grupo de hombres y mujeres habitaba el lugar. Al frente de ellos, la Dra. Dibs (Juliette Binoche), una suerte de mujer fatal, científica loca y fugitiva en busca de redención (así, todo a la vez), afanada en conseguir engendrar el embrión perfecto de ser humano.

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La película se sumerge de pleno en la dinámica de un grupo cuyo paso por la tierra no ha sido ni mucho menos glorioso y que, paradójicamente, puede tener en sus manos el destino de la humanidad. El entorno espacial creado por Denis recuerda más a una fábrica destartalada o un gran barco carguero que a los asépticos y estilizados escenarios de las producciones hollywoodienses. La cineasta apuesta además por una fotografía oscura y sucia, sirviéndose de una banda sonora próxima a un zumbido polifónico, para dar forma a una atmósfera irrespirable y densa que inunda los pulmones del espectador.

En su salto a la ciencia ficción más pura, Denis no escatima en riesgos y se atreve a transitar los caminos más insospechados. Al mismo tiempo, las señas de su cine se mantienen intactas y, al final, High Life funciona como un thriller fantástico e hiper violento, un drama existencial erótico, y una película de terror cargada de lirismo. Todo a la vez y todo en su sitio. Que la cineasta francesa es una superdotada era algo ya conocido, pero con su último trabajo, alcanza cotas de virtuosismo al alcance de muy pocos.

Quizás lo más fascinante de esta cinta sea que, en su desquiciada mezcla de géneros, logra erigirse también en reflejo de lo que somos. La visión del futuro más inmediato que Denis propone es desoladora, radical y desasosegante. Pero, ¿acaso no asustan los titulares con los que desayunamos cada mañana? ¿No da miedo ver la forma en la que actúan los líderes que rigen nuestros destinos? El arte tiene el poder de crear realidades que no existen y que nos ayudan a ver nuestro mundo con otra perspectiva. En ese sentido, High Life es un triunfo incontestable.

En resumen, nos encontramos ante un viaje alucinante a través del espacio exterior de la mano de una de las cineastas más únicas y personales en el panorama cinematográfico actual. Cargada de imágenes de una potencia arrolladora, High Life no esconde en ningún momento sus armas, se abre de par en par ante el público invitándolo a disfrutar de una experiencia asfixiante y a la vez liberadora.

High Life es una producción de Alcatraz Films (Francia), Pandora Filmproduktion (Alemania), The Apocalypse Films (Alemania), Madants (Polonia) y Andrew Lauren Productions (EE.UU). Wild Bunch se encarga de las ventas en el extranjero.

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