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NAMUR 2018

Crítica: Un amour impossible

por 

- Pasión, manipulación y consecuencias trágicas en la adaptación de la novela de Christine Angot firmada por Catherine Corsini

Crítica: Un amour impossible
Niels Schneider y Virginie Efira en Un amour impossible

"Es la historia de un amor eterno y banal que todos los días aporta todo el bien y todo el mal". Estamos en 1958 en Châteauroux, una pequeña ciudad de provincia en Francia; una pareja se forma bailando al ritmo de esa canción de Dalida cuya letra premonitoria marcará los cuarenta años que seguirán a este nefasto flechazo. Un vasto arco temporal tomado de una novela de Christine Angot que Catherine Corsini ha hecho suya en su nuevo film, Un amour impossible [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, proyectado en el 33er Festival Internacional de Cine Francófono de Namur (FIFF, por sus siglas en francés), tras prestrenarse a finales de agosto en el Festival de Cine Francófono de Angulema y poco antes de su estreno en los cines galos, el 7 de noviembre.

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Remontándose a las raíces de una relación entre madre e hija (que narra la película en voz en off), el largo opera en tres tiempos, comenzando por un idilio entre la modesta y decidida Rachel (Virginie Efira), una hermosa soltera, mecanógrafa de 25 años, y el bello y misterioso Philippe (Niels Schneider), que ha venido a trabajar como traductor en la vecina base estadounidense y que procede de una familia de médicos parisinos con varias generaciones en la profesión. La fascinación intelectual y la unión física hacen de Rachel la víctima voluntaria de una relación que Philippe anuncia sin embargo como desprovista de todo futuro matrimonial —pues se sitúa "más allá del orden social" ("si hubieras sido rica, habría sido diferente, me lo habría pensado")—, para volver a París unos meses más tarde.

Pero Rachel está embarazada, y no descansará hasta conseguir que se reconozca a su hija Chantal y rencontrarse con Philippe, que durante años, jugará al gato y al ratón con sus sentimientos y esperanzas, respondiendo a las cartas, desapareciendo para resurgir más tarde, clavando banderillas (se casa con una joven acaudalada) y volviendo a desvanecerse. El tiempo pasa, Rachel lleva una vida de soledad y trabajo, criando a su única hija y transmitiéndole el mito de este padre espectral. Pero cuando la chica llega a la adolescencia (Estelle Lescure), Philippe accede por fin a ver a ambas y a reconocer a su hija. Una decisión que estará cargada de consecuencias para madre e hija, y que envenenará su vínculo posteriormente (con Jehnny Beth en el papel de Chantal, convertida a su vez en mujer y madre). 

Analizando la profunda dominación de un perverso manipulador sobre una mujer enamorada y subyugada hasta la ceguera, con el trasfondo del rechazo por la diferencia de clase, Un amour impossible toma prestada una forma muy clásica, avanzando en el tiempo a golpe de elipsis muy bien dosificadas (el guion está escrito por la realizadora y Laurette Polmanss) y dibujando un retrato terrible del mal karma de una pasión sentimental. No obstante, sin cuestionar sus interpretaciones, la edad real de los dos actores principales es problemática (Virginie Efira es moderadamente creíble como joven de 26 años, y Niels Schneider parece viejo en su papel de Dorian Gray), como también lo es el recurso a la narración en off, que rinde algunos homenajes al texto de Angot, pero distancia al espectador del cruel desarrollo de los acontecimientos. Decisiones que se derivan de la firme voluntad de abarcar varios destinos y varios amores imposibles (entre madre, padre e hija) en el mismo film, un hilo conductor que la cineasta no pierde jamás, en su deseo de revelar la bajeza que opera en la trama, en detrimento de la pureza de los corazones. 

Producida por Chaz Productions, Un amour impossible es una coproducción de France 3 Cinéma, la compañía belga Artémis Productions y Le Pacte, que se encarga de las ventas internacionales.

(Traducción del francés)

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