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ZÚRICH 2018

Crítica: Cronofobia

por 

- El primer largometraje del tesinés Francesco Rizzi transporta al espectador a un universo lynchiano de sabor helvético

Crítica: Cronofobia
Sabine Timoteo y Vinicio Marchioni en Cronofobia

El joven director suizo Francesco Rizzi ha estrenado su ópera prima, Cronofobia, en el Festival de Cine de Zúrich, como parte de la sección centrada en producciones de Suiza, Alemania y Austria. Rizzi presenta un drama psicológico y críptico que transporta al espectador a un universo lynchiano con tintes helvéticos. 

Un hombre con un rostro indescifrable (Vinicio Marchioni) y una mujer consumida por su pasado (Sabine Timoteao) son los protagonistas de Cronofobia, una aventura cinematográfica perturbadora, dominada por imágenes majestuosas de Suiza alejadas de los clichés habituales (las postales icónicas de los Alpes son sustituidas por planos analíticos de autopistas y estaciones de servicio).

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Michael Suter es un hombre misterioso y solitario, un enigma para sí mismo y la poca gente que le rodea. En su día a día se dedica a viajar por Suiza en una caravana blanca, una especie de laboratorio móvil en el que tienen lugar extraños acontecimientos. Su trabajo consiste en señalar fallos en la gestión de diversas actividades (principalmente en relación a las estaciones de servicio de las autopistas). Por la noche observa en secreto a Anna, una mujer que lucha con los fantasmas de su pasado mientras trata de superar un evento que la ha marcado de por vida. ¿Cuál es la conexión invisible que une a estos dos personajes? ¿Por qué está Michael obsesionado con una mujer que, aparentemente, no tiene nada que ver con su vida? Entre ambos se desarrolla una intimidad inesperada, a medida que descubren que los dos están en busca de redención. El frágil equilibrio que los une, una mezcla entre dependencia y soledad, se ve amenazado por un secreto que consume la vida de Michael. 

A pesar de algunas escenas sexuales demasiado obvias, que restan credibilidad a la historia, la relación atormentada entre Anna y Michael está filmada de manera sorprendente. Las poderosas imágenes paisajísticas, marcadas por una estética melancólica, se convierten de alguna forma en aliadas. La soledad compartida por los protagonistas, y su lucha con los demonios internos que amenazan con destruirlos, acaba por fusionarse con el mundo que los rodea. La ambientación de Cronofobia, a medio camino entre la realidad y la imaginación, recuerda a veces a los escenarios de David Lynch o el realismo frío de Aki Kaurismäki.

‘Cronofobia’ significa literalmente “miedo a que pase el tiempo”. La cinta de Rizzi consigue retratar este miedo, poniéndole cara e intentando, a través del medio fílmico, encontrar un remedio pasajero. El cine se convierte en una huella del propio tiempo, que se escapa de nuestras manos como parte de una existencia que resulta cada vez más inconsistente. La banda sonora de Zeno Gabaglio (que incluye obras de artistas de la escena "indie" de Tesino) añade una capa adicional de misterio y seducción a las imágenes. Cronofobia es una película a la que es necesario acercarse como si fuese un sueño, bajando la guardia y dejándose llevar.

Cronofobia es una producción de Imagofilm, coproducida por SRG-SSR Radiotelevisione svizzera, 8horses Zurigo y Teleclub Zurigo. Imagofilm se encarga de las ventas internacionales.

(Traducción del italiano)

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