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ARRÁS 2018

Crítica: The Little Comrade

por 

- El primer y muy logrado largo de Moonika Siimets muestra a través de la mirada de una niña la opresión soviética en Estonia a comienzos de los 50

Crítica: The Little Comrade
Helena Maria Reisner y Eva Koldits en The Little Comrade

"Si vuelven los hombres de negro, tu habla lo menos posible. Tu di que eres una niña y no sabes nada". A través de el personaje de Leelo, una niña guapa y rubia de seis años que observa con sus enormes ojos curiosos y confiados el mundo que le rodea, se dibuja todo un período histórico lleno de opresión en el primer largo de la realizadora estonia Moonika Siimets, The Little Comrade [+lee también:
tráiler
ficha del filme
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, premiado en Busan y proyectado en el 19º Festival de Arrás, en la sección Visions de l’Est. La cineasta explora la época estaliniana, cuando la policía política soviética vigilaba el menor indicio de respaldo a la independencia estonia y procedía a realizar detenciones masivas y deportaciones al gulag. Pero, a diferencia de otras muchas obras, que abordan el tema con un dramatismo extremo, el film adopta un enfoque mucho más inteligente y luminoso, a pesar del carácter sombrío de los acontecimientos tratados, al situar en el centro de la trama a una niña cuya ingenuidad resulta a un tiempo enternecedora y peligrosa.

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Todo comienza en la primavera de 1950, cuando Feliks (Tambet Tuisk) y Helmes (Eva Koldits), los padres de Leelo (Helena Maria Reisner), que son profesores, se mudan a una pequeña casa en el bosque, no muy lejos del nuevo colegio al que han sido asignados. Pero la desgracia se cierne sobre esta familia, pues el NKVD local, dirigido por el capitán Paul Varik (Juhan Ulfsak), procede a una investigación de la casa, descubriendo una bandera estonia y arrestando a Helmes. El día anterior, Leelo había sido pillada in fraganti robando un oso de peluche en el colegio ("su hija se comporta como un enemigo del pueblo. Acecha por las ventanas, se cuela en casa de la gente para robar"), y la niña se cree responsable de la desaparición de su madre, que antes de irse, le ha hecho una promesa: "si te portas bien, volveré pronto".

Solos, padre e hija se las apañan como pueden, y Feliks intenta que liberen a su mujer, que primero encarcelan en Tallin y luego deportan a Siberia. A Leelo la cuida a menudo su familia paterna, cuyos miembros son todos fervientes patriotas en secreto; de hecho, a uno de los hijos ya lo deportaron, y su exprometida rusa aprovecha esta circunstancia para chantajearlos. La pequeña, que sueña con ser parte de los pioneros y convertirse en una "pequeña camarada", lo oye y lo ve todo, sin percatarse de las graves implicaciones de una frase repetida como un loro o de una simple medalla deportiva estonia que no debe enseñar a nadie. Y es que la policía está al acecho, vigilando a Feliks...

Adaptada por la directora a partir de dos novelas autobiográficas de Leelo Tungal, The Little Comrade es el bello retrato de una niña y de una relación padre-hija. Abordando con delicadeza la persecución contra los traidores a la Unión Soviética que duró hasta la muerte de Stalin, en 1953, y rindiendo homenaje al patriotismo estonio, el largometraje no se aventura más allá de un relativo clasicismo, que sin embargo funciona muy bien junto con la equilibrada alternancia entre las escenas rurales y urbanas y la hermosa fotografía de colores pastel firmada por Rein Kotov.

Producida por AmrionThe Little Comrade está vendida internacionalmente por Eyewell.

(Traducción del francés)

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