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IDFA 2018

Crítica: Hamada

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- A través de una magnífica banda sonora y grandes dosis de humor, el primer largometraje de Eloy Domínguez Serén nos acerca al pueblo saharaui, que vive exiliado en el Desierto del Sahara

Crítica: Hamada

En su primer largometraje documental, Hamada [+lee también:
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Eloy Domínguez Serén nos transporta hasta el árido paisaje del Sáhara, donde nos encontramos a uno de los pueblos más olvidados del mundo: los saharauis. Estos antiguos pescadores y pescadoras fueron desplazados hace más de 40 años, después de la anexión del antiguo Sáhara español por parte de Marruecos. A pesar de que sus expectativas de futuro parecen tan desoladoras como los campos de refugiados en los que viven, este relato iniciático acera de un grupo de amigos (SidahmedZaara y Taher) provoca más sonrisas que lágrimas. Domínguez Serén demuestra que el humor puede ser un arma muy poderosa para concienciar acerca de problemáticas relacionadas con los derechos humanos. La película acaba de estrenarse en la 31ª edición del Festival Internacional de Documentales de Ámsterdam (IDFA), durante un pase especial promovido por Oxfam Novib, uno de los principales colaboradores del IDFA.

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Hamada empieza con una de sus escenas más potentes, destacando por un apartado visual muy logrado y un intenso diseño de sonido. Uno de los protagonistas habla acerca de un sueño que ha tenido, mostrando la angustia emocional de un pueblo que vive en el exilio. Las grandes dunas enfatizan el vacío del desierto, donde el único movimiento perceptible es el de la arena agitada por el viento. De alguna forma esto representa el propio estado mental de los protagonistas, cuyas ambiciones no encuentran una dirección clara en medio del vacío. Los sueños se arremolinan en el interior de los personajes, como el viento que hace ondular la arena hasta que finalmente se desata la tormenta.

La cinta presenta un agradable equilibrio entre las historias personales y las escenas más políticas, que sirven para explicar a los espectadores los conceptos básicos sobre el éxodo saharaui. También nos muestra que Sidahmed, Zaara y Taher han escuchado las mismas historias un millón de veces, aprovechando las manifestaciones internacionales en favor de los derechos saharauis como una oportunidad para conocer a sus compañeros europeos. Todos expresan constantemente el deseo de reinventarse a sí mismos. Zaara intenta buscar un nuevo trabajo, valiéndose de todo su ingenio. “Soy una experta en mecánica,” explica de manera bastante convincente en un garaje local, tanto que podríamos llegar a creerlo si no fuese por las escenas en las que comprobamos que no tiene ni la menor idea de cómo funciona un coche. Esta búsqueda de autorrealización y desarrollo personal pasa inevitablemente por abandonar los campamentos y probar suerte en otro sitio. Al final, Sidahmed decide marcharse a España, y tan solo podemos desearle la mejor de las suertes.

Con una dirección de fotografía impresionante, una banda sonora pegadiza y unas historias personales encantadoras, Eloy Domínguez Serén ha conseguido ofrecer un retrato único de una situación compleja que se encuentra prácticamente estancada.

Hamada es una producción de Momento Film (Suecia), en coproducción con ma.ja.de (Alemania) y Fuglene (Noruega). La película ha recibido el apoyo del Swedish Film Institute, que también se encarga de la distribución internacional en festivales, el Norwegian Film Institute y Fritt Ord. La alemana Deckert Distribution se encarga de las ventas internacionales.

(Traducción del inglés)

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