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BLACK NIGHTS 2018 Competición Óperas primas

Crítica: Lorik

por 

- Una misteriosa intervención divina transforma a un actor egocéntrico en un hombre con un corazón de oro en el drama de Alexey Zlobin

Crítica: Lorik
Michael Poghosian en Lorik

El drama sobre cambios de cuerpos del ruso Alexey ZlobinLorik [+lee también:
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, que se proyecta en la competición de primeros largos del Black Nights de Tallin, gira en torno a un actor egocéntrico de mediana edad llamado Laurence Alexandrovich (Michael Poghosian, que también ha coescrito y coproducido el film), cuya pasión por el teatro solo puede compararse con su desprecio hacia los que le rodean. Mandón, maleducado y arrogante, convencido de que nadie con quien hable puede igualar su capacidad intelectual, siempre se enfada por las cosas que no son de su gusto y esgrime citas de dramas clásicos para intimidar a su círculo de colaboradores y vecinos.

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La modestia y la amabilidad no son el fuerte de Lorik, hasta que se pone en la piel de los otros (literalmente). Cuando el teatro cierra por una supuesta renovación, que en realidad convertirá el edificio en la sede de un partido político poderoso, corrupto y ávido de dinero, Lorik pierde los papeles. Triste y deprimido por el desgraciado giro de los acontecimientos a un día el estreno de una obra basada en Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, vuelve a casa para ahogarse en la autocompasión. Allí, sucede una misteriosa intervención divina, mientras mira una foto enmarcada de sus padres actores, que murieron en un accidente de coche hace mucho tiempo, dejándole huérfano siendo niño. Despatarrado por el suelo, declamando el famoso monólogo de Macbeth, "Es la vida sombra fugaz, pobre histrión que en escena se pavonea un rato... ", su consciencia se traspasa de repente al cuerpo de su vecino alcohólico, Johnik. Cabe destacar, por cierto, la sobreabundancia de monólogos y citas en la película, y cubren todo tipo de textos, desde Shakespeare, Cervantes y Carroll hasta la nana "Humpty Dumpty".

Citando a la oruga de Alicia en el país de las maravillas después de los créditos iniciales —"Está mal del principio al final"—, Zlobin quizás se pronuncia subconscientemente sobre esta confusa trama sobre múltiples cambios de cuerpos. Tras tomar la forma de su vecino, Lorik se convierte brevemente en la trabajadora doméstica de su tía Tamara (Shake Tukhmanyan), Chinar (Ani Galstyan), una niña de ocho años llamada Asya (Irene Ayvazyan) y, finalmente, el político corrupto y candidato a presidente Garnik Karapetovich (que también es el padre del novio de Chinar, Arthur), interpretado por John Makaryan. Como la magia no sigue, evidentemente, el mismo patrón cada vez, y las almas van saltando de un cuerpo al siguiente como canicas desperdigadas, es difícil determinar cómo se supone que funciona. Es como una nueva versión de Ponte en mi lugar, más aleatoria y en armenio. El motivo de tantos cambios de identidad queda claro muy pronto, y aunque sirve a la lógica del guion, es la forma más facilona de transformar a un antihéroe en un hombre con un corazón de oro. 

Hay buenos momentos en Lorik, una cinta que es memorable sobre todo gracias a su diseño de producción (firmado por Armen Ghazaryan), la selección de localizaciones en Yerevan (Anna Zakaryan) y la fantasiosa banda sonora original, compuesta por uno de los compositores contemporáneos más importantes, David Haldijan. Una de las escenas más memorables es una ceremonia que recuerda a los rituales de iniciación de los masones, celebrada por activistas de derecha que quieren dar a su político favorito, Garnik —que está "poseído" por Lorik—, el título honorífico de "Caballero de la Nariz Aguileña".

Lorik es una coproducción estadounidense, rusa, suiza, serbia, sueca y chipriota de K&MM Ltd y Team Production que ha contado con el respaldo del Centro Nacional de Cine de Armenia

(Traducción del inglés)

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