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LES ARCS 2018

Crítica: Jellyfish

por 

- El británico James Gardner despliega sus cualidades como director en su primer largometraje mordaz sobre realismo social

Crítica: Jellyfish
Liv Hill en Jellyfish

“¿Buscabas algo fácil?”, “Todo el mundo puede aprender una rutina y mantenerla, pero no es lo que buscamos aquí. Eso debe venir de dentro”. El cineasta británico James Gardner pone estas palabras en boca de los personajes principales para expresar el color y la ambición de Jellyfish [+lee también:
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, su primer largometraje. La película toma prestados elementos del relato de educación de una adolescente y su familia disfuncional, para combinarlo con un realismo social sin concesión ni denuncia (es decir, a lo Ken Loach) y sumergirse en la vida cotidiana de las clases populares de una ciudad balnearia. Busca entre la monotonía del cielo y las luces intermitentes y sonoras de las salas de juego para encontrar un tema original en un ambiente decadente: el aprendizaje autodidacta de la comedia stand-up.

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Jellyfish, proyectada en la sección Playtime de la 10ª edición del Festival de Cine Les Arcs, ya ha cosechado varios premios desde su estreno en Tribeca, principalmente en Edimburgo (premio a la interpretación para Liv Hill y Sinéad Matthews), Dinard (cuatro galardones, entre ellos el Gran Premio, el premio al mejor guión y el Premio de la crítica) y Roma (Mejor película de la sección Alice Nella Cittá). Además, la más joven de sus dos actrices principales ha sido nominada a Mejor revelación en los British Independent Film Awards y ha recibido menciones especiales en Dinard y Roma.

“Mamá no se siente bien”. A los 15 años, Sarah (Hill), carga con varias responsabilidades, ya que su madre (Matthews), no parece tener intención de abandonar la cama o el sofá del salón, hipnotizada por la televisión. Y como no hay rastro del padre, la adolescente se responsabiliza por completo de sus hermanos, Marcus (Henry Lile) y Lucy (Jemima Newman), a quienes lleva y recoge del colegio, lava, viste, alimenta, cuida, y un largo etcétera. El dinero escasea, por lo que Sarah también trabaja a tiempo parcial en un salón de juegos, donde su jefe (Angus Barnett) la explota sin vergüenza y algunos clientes le ofrecen extras a cambio de una masturbación rápida. Una existencia precaria que no mejorará cuando la joven se entere de que su familia debe tres meses de alquiler y que el subsidio que recibe su madre ha sido suspendido. Su madre, bipolar, suele malgastar el dinero en cosas superfluas como ir al parque de atracciones Dreamland. Sarah se enfrenta a una situación cada vez más complicada, que disimula de cara al mundo exterior con su carácter templado. Al mismo tiempo, su profesor de teatro (Cyril Nri) la anima a desarrollar su potencial como artista stand-up. La joven empieza a escribir un sketch mientras intenta mantener a su familia a flote. Pero la barca es cada vez más pesada y el mundo es cada vez más cruel…

A pesar de la indiscutible calidad general de las interpretaciones (y del sentido de la dirección de actores del director, con varios actores jóvenes que guiar) y de un argumento que no esconde (como suele ocurrir en los primeros largometrajes) el fallo de una aceleración de la dramaturgia en su recta final, Jellyfish permite descubrir las numerosas cualidades de James Gardner, que demuestra un verdadero sentido de la atmósfera y de la justicia, y un dominio prometedor del encuadre, la luz (Peter Riches en la dirección de fotografía) y la música (compuesta por Victor Hugo Fumagalli). Un conjunto de talentos en eclosión cuyo futuro seguiremos de cerca.

Jellyfish llegará a Reino Unido en 15 de febrero a través de Republic Film Distribution; mientras que Bankside Films se encarga de las ventas internacionales. 

(Traducción del francés)

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