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PELÍCULAS / CRÍTICAS

Crítica: Yao

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- Philippe Godeau presenta una agradable road movie en Senegal que relata el encuentro y las aventuras de un francés, interpretado por Omar Sy, y un adolescente local

Crítica: Yao
Omar Sy y Lionel Basse en Yao

“La poesía no debe desaparecer, pues, si lo hace, ¿dónde quedará la esperanza del mundo?”. Esta cita de Léopold Sédar Senghor que aparece en Yao [+lee también:
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define a la perfección el nuevo trabajo de Philippe Godeau. La película, que se estrena en los cines franceses el miércoles 23 de enero de la mano de Pathé, no oculta sus intenciones de acercarse al gran público pero sin que su mensaje humanista caiga en la cursilería ni en el simple paseo turístico por Senegal. Bajo su apariencia reivindicativa de gran aventura optimista y de fábula cómica que deja de lado los posibles aspectos oscuros para seguir la sintonía de Everything's Gonna Be Alright, de Bob Marley, Yao transmite la esencia de África y trata con inteligencia las problemáticas del diálogo norte-sur en la figura del carismático Omar Sy (cuya sonrisa y energía son mundialmente conocidas desde Intocable [+lee también:
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), que comparte protagonismo con el encantador joven senegalés Lionel Basse.

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En París, Seydou Tall, un actor de fama internacional, vive en la abundancia pero acaba de separarse de su esposa, quien no le permite llevarse a su hijo Nathan a un breve viaje a Senegal, país de origen de su familia, con motivo de la promoción de un libro. Mientras, en un pueblo del noreste de Senegal, el estudiante Yao, de 13 años, prepara en secreto su viaje a la capital, que se encuentra 387 kilómetros, para conocer al autor en persona y conseguir su dedicatoria en un ejemplar ruinoso que guarda como un tesoro. Abandonado por su mejor amigo (“Está muy lejos, estás loco”), nuestro joven héroe parte hacia Dakar colándose en un tren para encontrarse con su “ídolo”. Una determinación que divertirá y conmoverá a Seydou hasta el punto de alojar a Yao en su hotel y acompañarlo a su casa en taxi-brousse. Así empieza un viaje lleno de peripecias (calor, averías, diversos encuentros, etc.) donde Seydou desarrolla una especie de amor paternal hacia Yao, quien, con la sinceridad de la juventud, cuestionará a la celebridad occidentalizada (calificada de “Bounty, negro por fuera, blanco por dentro”) sobre su identidad y sus raíces (¿Por qué en el libro hablas más de tu madre que de tu padre? ¿Por qué no has venido nunca a Senegal? ¿Por qué tu hijo no sonríe?).

Con una narrativa simple (el guión fue escrito por el director, junto con Agnès de Sacy y la colaboración de Kossi Efoui) y un decorado impresionante (“— ¿A dónde va? No hay nada —Va a algún sitio”; “Debería haber algo detrás de todo eso”), Yao es una película agradable con un encanto indiscutible que transmite el ambiente africano al espectador (“Gambas rebozadas y mujeres con flores en el pelo”), así como sus valores (“Debes conocer la tierra de sus ancestros”, “Deja de preocuparte, la hora de Dios llega cuando tiene que llegar”, “Calma tu corazón”) y su improvisación, a veces caótica. Un mensaje de apertura que toma la relación afectuosa entre Seydou y Yao para (re)crear un vínculo en una época en que los continentes europeo y africano se han distanciado por tensiones relacionadas con la segregación. Philippe Godeau demuestra una gran habilidad como productor y director, ya que en su tercer largometraje como cineasta incursiona con éxito en un género nuevo después Le dernier pour la route [+lee también:
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Yao, producida por Pan-Européenne y Korokoro, será distribuida a nivel internacional por Wild Bunch, que ya ha sido vendida a varios países.

(Traducción del francés)

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