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RÓTERDAM 2019 Voices

Crítica: Beats

por 

- La segunda cinta de Brian Welsh es una comedia sobre la amistad entre hombres ambientada en una rave, en la Escocia de 1994

Crítica: Beats

Prestrenada mundialmente en la sección Voices del Festival Internacional de Cine de Róterdam (23 de enero-3 de febrero), Beats [+lee también:
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, de Brian Welsh, adaptación de la obra teatral de 2012 de Kieran Hurley, es un análisis sociopolítico exquisitamente profundo del New Labour de Tony Blair bajo la guisa de una historia iniciática en torno a muchachos adolescentes. Aunque la comedia resulta banal en algunos momentos, la cinta se beneficia, en lo auditivo, visual y político, de su ambientación en la Escocia de 1994, durante lo que se conoce como el "Verano del amor", cuando las raves espoleadas por el éxtasis dieron quebraderos de cabeza a la clase política.

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La película está rodada en blanco y negro, una decisión estética que, sumada a unos protagonistas quinceañeros y bufonescos, Johnno (Cristian Ortega) y Spanner (Lorn Macdonald), nos remite a cintas clásicas de mediados de los 90, como Clerks (1994), de Kevin Smith, y TwentyFourSeven (1997), de Shane Meadow.Esta apuesta monocroma nos invita a ver la acción en pantalla como un recuerdo, aunque el énfasis en la amistad entre ambos chicos como pegamento del film supone que uno no tiene por qué haber experimentado la cultura ravera para caer rendido ante sus encantos, y Welsh tampoco cae en la trampa de apoyarse en la nostalgia para conectar con un público contemporáneo.

No obstante, el aspecto político de la película solo funciona mirando aquella época desde la actualidad, pues el análisis social requiere conocimientos específicos de cómo le fue al movimiento New Labour en el poder y cómo Tony Blair dejó de ser considerado una inspiración para la izquierda y se convirtió en el hombre que mandó las tropas británicas a Irak. La película muestra un discurso que Blair dio en la televisión para argumentar que si se escucha lo que el político decía como líder de la oposición, en lugar de creer en la imagen que proyectaba, se percibe a un hombre que elegía las batallas equivocadas y que era, en el fondo, conservador. Su decisión de respaldar la Criminal Justice Bill del Partido Conservador es representativa de una clase política que convertía en parias a muchachos cuyo único crimen era bailar en el campo y tomar pastillas, todo un adelanto del enfoque excesivamente duro que Blair adoptaría con respecto a la justicia.

Resulta impresionante que Welsh sea capaz de dar al film tanta carga política sin perder el tono adolescente, sobre todo si consideramos que la trama es muy escasa, y que por momentos cuesta sentir una conexión emocional con estos personajes tan caricaturescos. La cinta tarda mucho en adueñarse de su propio registro, pues las historias secundarias sobre las difíciles situaciones familiares de Johnno y Spanner resultan sobreactuadas debido al barroquismo de algunas interpretaciones. Hay algo que recuerda al drama sobre la escena de clubs Generación Éxtasis (1999), de Justin Kerrigan: la forma en que se salta dramáticamente, en solo una escena, de lo ordinario a lo profundo.

La acción no parece auténtica hasta que llegamos a las escenas de raves, que se ven respaldadas por los extraordinarios visuales de Weirdcore (Nicky Smith), conocido por su trabajo con Aphex Twin y MIA. El uso del color en este estado inducido por drogas gustará a los fans de La ley de la calle.Lo más encantador de la cinta es la pura diversión y disfrute de las escenas de clubs, que contrastan profundamente con las escenas mundanas y nocturnas del film de Mia Hansen Løve Eden [+lee también:
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, ambientado en la escena parisina de techno de los 90. La banda sonora de Beats también merece admiración, pues logra evitar los habituales himnos. 

Beats es una producción británica de Camilla Bray para Rosetta Productions; se distribuirá en el Reino Unido de la mano de Altitude. Las ventas internacionales están a cargo de Wild Bunch.

(Traducción del inglés)

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