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BERLÍN 2019 Panorama

Crítica: Flatland

por 

- BERLÍN 2019: La tercera película de Jenna Bass, que abre la sección Panorama, combina el western y el melodrama con un resultado satisfactorio

Crítica: Flatland
Izel Bezuidenhout y Nicole Fortuin en Flatland

La directora sudafricana Jenna Bass, conocida por ser coautora del éxito festivalero del año pasado, Rafiki [+lee también:
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, ha inyectado una rareza muy necesaria a la sección Panorama de la Berlinale (del 7 al 17 de febrero) con su tercer largometraje, Flatland [+lee también:
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, que es , al mismo tiempo, un proyecto escolar que sale mal y una oda a las divas olvidadas del cine de explotación. Flatland tiene una rareza adorable, aunque podría haber hecho un acercamiento similar al de Spinal Tap y llegar hasta el final, pero Bass mantiene los pies sobre la tierra. Sin embargo, no es agradable: la repugnancia traspasa toda la historia, sin tiroteos ejecutados con torpeza, tan entretenida que hace que uno olvide que a menos que sea un hombre blanco, este mundo te derrotará o lo intentará por todos los medios. 

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O eso parece ocurrirle a este trío imposible compuesto por la novia petrificada, Natalie (Nicole Fortuin), su embarazadísima amiga Poppie, expulsada del colegio por prender fuego al pelo de una chica (Izel Bezuidenhout) y, finalmente, Captain Beauty Cuba (Faith Baloyi), después de que la desastrosa noche de bodas de Natalie se convirtiese en algo más que una simple decepción. Mientras recorren lugares que emanan chauvinismo y racismo casual cuyos habitantes ni se molestan en esconder, es fácil imaginar que esta película podría haberse proyectado en un cine sórdido en los años 70, con Pam Grier apropiándose del personaje de Beauty. Pero la sensibilidad es moderna y Bass no intenta castigar a sus heroínas pecosas por salirse de sus roles.

En lugar de eso, las sitúa en la región rural de Karoo, un lugar olvidado donde nadie tiene smartphone y la tierra es “tan plana que puedes ver a tu futuro rodar por ella”, como dice una resignada Natalie. Este entorno alejado justifica su etiqueta de “western contemporáneo”, que la película lleva pegada desde el primer día de grabación. Pero aunque hay mucha equitación, también hay algo de la historia personal Bass y algunas narrativas absurdas de melodrama que se combinan con amantes perdidos hace tiempo y monólogos sobre lamentos del pasado.

Sin embargo, hay un acercamiento muy profundo a toda la situación, donde las chicas no son las típicas activistas y van evolucionando lentamente hasta querer algo más en la vida. “Con o sin anillo, cuando una mujer dice ‘no’ significa ‘no’. De lo contrario, es una violación. Lo vi en la tele”, explica Poppie amablemente. Cuando las cosas se ponen más raras y el eyeliner se hace más grueso, uno espera que aparezca Divine para dar lugar a otro cambio drástico pero, ¿no es emocionante ver a alguien apuntar con una pistola a los que le han hecho daño? Y aunque muchos hayan cabalgado hacia la puesta de sol, no tenían unas gafas tan bonitas.

Flatland ha sido producida por la compañía sudafricana Proper Film, Deal Productions, de Luxemburgo, y In Good Company, de Alemania; en coproducción con las alemanas unafilm y ZDF/Das Kleine Fernsehspiel, y en cooperación con Arte. También han participado National Film & Video Foundation of South Africa, así como Hubert Bals Fund, el Berlinale World Cinema Fund y EAVE. The Match Factory gestiona las ventas internacionales.

(Traducción del inglés)

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