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BERLÍN 2019 Forum

Crítica: Ne croyez surtout pas que je hurle

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- BERLÍN 2019: En su primer largometraje, Frank Beauvais ofrece una confesión íntima, un diario ilustrado con una increíble abundancia de imágenes prestadas de una miríada de películas

Crítica: Ne croyez surtout pas que je hurle

“He descubierto una cierta embriaguez en la soledad que, poco a poco, se ha transformado en vértigo”. El cineasta francés Frank Beauvais se libera en cuerpo y alma para reconstruir un año de transición en su vida, como una terapia salvaje y bajo la forma de un diario catártico. Se trata de su primer largometraje, Ne croyez surtout pas que je hurle [+lee también:
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, que se ha estrenado en la sección Forum de la 69ª edición del Festival de Berlín. Para ilustrar esta experiencia de pobreza a medio camino entre la misantropía depresiva y la lucidez extrema, el cineasta, a quien podríamos clasificar de híper cinéfilo (ha programado las principales secciones de varios festivales), ha utilizado infinidad de planos (algunos de apenas unos segundos de duración) extraídos de las miles de películas que ha visionado, de imágenes plagadas de detalles cuya procedencia es imposible identificar hasta el impresionante final genérico que muestra estos préstamos. Un “pillaje” y un montaje virtuosos que dan sentido a cada capítulo de un relato en voz en off no menos virtuoso cuyas cualidades literarias se funden con un sentido agudo de la descripción de la realidad por parte de un hombre desesperado que se pregunta si todo este proyecto sobre su “atracción fatal por las películas creadas como una muralla estética contra la fealdad del mundo” no disimula “una maquiavélica construcción de su espíritu malvado para justificar su cinefilia”.

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Frank Beauvais, encerrado y solo en un pequeño pueblo alsaciano (un “lugar bonito donde las idas y venidas de uno son observadas a través de las cortinas”), seis meses después de una ruptura amorosa, cuenta su vida cotidiana entre enero y octubre de 2016. Vive recluido (salvo por los paseos saludables por el bosque) y sobrevive revendiendo discos, libros y DVDs en internet. Cada día, y sobre todo cada noche, se refugia en tres, cuatro o cinco películas: “Literalmente, me hundo en películas de otros. Pierdo toda necesidad de escribir, de grabar y de hacer otra cosa. El nido se convierte en nicho, el refugio en prisión. Estas películas de otros son más espejos que ventanas”.

Una mezcla confusa de disgusto consigo mismo y con el mundo, de impotencia y de angustia violenta dirige su vida cotidiana, alimentada por los ecos del Estado de emergencia y las medidas de seguridad, por los recuerdos de un padre desagradable que viene a morir a su casa, por las dispersas ofertas de amigos de paso, o por cortas incursiones a la capital francesa y a Lisboa. La posibilidad de volver a vivir en París el otoño siguiente transforma su horizonte pero no lo libera de su adicción enfermiza a la “oscuridad placentera”…

El mérito del director (ayudado por Thomas Marchand en el montaje) es haber hecho una película “personal” en el amplio sentido de la palabra. La fascinante Ne croyez surtout pas que je hurle es la expresión de un alma que sufre encerrada en sí misma, cuya percepción de los demás roza el desprecio de la inteligencia por las masas banales y manipuladas. Pero como el exceso y la neurosis avivan el fuego creativo del cineasta, pasaremos por alto este acceso “odioso” para ver el reflejo de un artista hipersensible a cuyo excepcional talento proteiforme le cuesta tomar forma en el mundo real, y esperamos que este primer largometraje le ayude a discernir mejor el camino de la luz.

Ne croyez surtout pas que je hurle, producida por Les Films du BélierLes Films Hatari, y Studio Orlando; será distribuida en Francia por Capricci en otoño de 2019. Pascale Ramonda gestiona las ventas internacionales.

(Traducción del francés)

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