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BERLÍN 2019 Forum

Crítica: Music and Apocalypse

por 

- BERLÍN 2019: El joven director alemán Max Linz presenta una refrescante y ácida sátira algo malvada sobre el sistema educativo alemán y la intelectualidad del país

Crítica: Music and Apocalypse
Sophie Rois y Philipp Hauß en Music and Apocalypse

“Idealismo y administración no son contradictorios”, afirma el profesor Abstract-Wege, del Instituto de Cibernética de la Universidad de Berlín. Su nombre (que podría traducirse como “formas abstractas”) es aplicable a todo un sector profesional y hasta podría usarse como subtítulo de la película. El largometraje de Max Linz, estrenado en la sección Forum de la 69ª edición de la Berlinale, también tiene un título abstracto: Music and Apocalypse [+lee también:
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. Linz pertenece a una generación de directores alemanes independientes (junto a Julian Radlmaier y su Self Criticism of a Bourgeois Dog [+lee también:
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) que opta por la narrativa intelectual centrada en el diálogo, con recursos mínimos, pero que consigue crear un lenguaje visual espectacular. Desafortunadamente, su interesante resultado ha pasado desapercibido porque no es lo que se suele ver en el cine y, además, requiere que el espectador se comprometa con su propio debate intelectual.

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Los estudiantes toman la biblioteca de la universidad. Temen que la institución sea reformada de acuerdo con las reglas de la economía para que las investigaciones sean más rentables y prácticas. Al mismo tiempo, se quejan de que lo que se les ha enseñado no se corresponde ni los prepara para el mundo real. Music and Apocalypse se centra en esta paradoja, cuya protagonista es Phoebe Phaidon (Sarah Ralfs), una joven científica que imparte un seminario de “Estudios de simulación” en nombre de la directora del instituto, Brenda Berger (Sophie Rois).

La película exige explicaciones a un amplio sector profesional. El profesor se parodia a sí mismo con un lenguaje plagado de extranjerismos y anglicismos, propio de los académicos. Crea un cosmos al que sólo pueden acceder personas autorizadas y mediante el cual evaden sus propias responsabilidades. Sin embargo, esto no implica que lleguen a entenderse entre sí. Los protagonistas de Music and Apocalypse se interrumpen unos a otros, apoyándose en el importante rol que creen desempeñar en la sociedad. Esta falta de consenso es el objetivo de la sátira de Linz. El director se pregunta quién se beneficia realmente de la investigación, y sostiene que se trata de un mundo cerrado que sólo se sirve a sí mismo y se mantiene para su propio beneficio.

El intercambio de golpes verbales es muy divertido. Los diálogos son inteligentes y confunden al espectador con términos y conceptos técnicos que carecen de sustancia alguna. Las interpretaciones son estáticas y recuerdan a una obra de teatro. Con su aspecto reducido y minimalista, la película desarrolla un sentido del humor seco, que el reparto transmite de forma convincente. La actriz protagonista, Sarah Ralfs, consigue el efecto de un lienzo en blanco. La pasividad de su personaje es irritante pero encaja a la perfección con el estancamiento y la repetición constante que rigen su vida y la de sus colegas. 

En Music and Apocalypse, el impresionante nivel visual se añade al alto nivel verbal. La ambientación, los decorados y el atrezo, como la réplica de goma de la tierra y el extravagante diseño de muebles, son coloridos, alegres y muy irónicos. Lo mismo se aplica a su banda sonora, interpretada por los mismos actores. En general, la película es muy subversiva (y muy necesaria).

Music and Apocalypse ha sido producida por Maximilian Haslberger, de Amerikafilm (Alemania).

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(Traducción del inglés)

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