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BERLÍN 2019 Competición

Crítica: I Was at Home, but...

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- BERLÍN 2019: Angela Schanelec propone un film-ensayo no narrativo sobre la existencia, el cuerpo y el arte que abandona poco a poco su frialdad para dirigirse hacia una reconciliación

Crítica: I Was at Home, but...
Jakob Lassalle y Clara Möller en I Was at Home, but...

A pesar de su título, que suena al comienzo de una narración clásica y parece anunciar un acontecimiento, I Was at Home, but... [+lee también:
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), en liza en el 69º Festival de Berlín, no se estructura en torno a una trama. Lo que indica el título es más bien un tiempo de suspense. La "trama" ya ha sucedido cuando arranca la película, cuando el pequeño Phillip (Jakob Lassalle), de 13 años, vuelve a su casa, como si no pasara nada, tras desaparecer sin más explicación durante una semana, que probablemente ha pasado en los bosques; una ausencia que ha sumido a su familia (compuesta de su madre, Astrid, interpretada por Maren Eggert, y su hermana pequeña, Clara Möller) y a todo el equipo docente de su colegio en un estado de inquietud que, a su regreso, se hace existencial y se expresa a través de una serie de cuadros "vivientes", fríos y silenciosos: muchos son sin diálogo, solo un murmullo de fondo, procedente de la ciudad y sus edificios. 

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Los cuerpos solitarios, casi inmóviles en su vagabundeo, paralizados, se representan como si de hecho no encontraran su sitio en el espacio y la arquitectura urbana, al contrario de los animales, que se mueven, inicialmente, en la naturaleza. En el hogar, el equilibrio se ha visto perturbado, y la familia saca de su eje (como se saca la cadena de una bici) todas las interacciones humanas y sociales que rodean a Phillip. Incluso las palabras se pierden, como cuando Astrid utiliza la palabra radiador ("cuerpo calentador", en el texto) para hablar del cuerpo docente. Estas disfunciones del posicionamiento de los individuos, ligados a una cierta artificialidad de las relaciones y situaciones, tienen su doble en los pasajes teatralizados en los que los compañeros de clase de Phillip recitan casi sin moverse, con voces monótonas, escenas de Hamlet. Aquí, la idea de "ser" no contiene la de "cambiar", sino más bien la de no ser.

Solo Phillip muestra tranquilidad y ternura con los demás. En un momento dado, se sugiere que ha sido la muerte de su padre, hace algún tiempo, y luego la vuelta a una vida "normal" lo que ha llevado al chico a iniciar un recorrido solitario, al final del cual se supone que ha habido una especie de reconciliación. Sorprendentemente, el primer encuentro que rompe la incomunicación y la distancia que dominan es el de una reacia Astrid y un hombre que se sometió a una traqueotomía y cuyas palabras son inaudibles; ella quiere devolverle la bicicleta que le acaba de comprar, que resulta estar rota, y él no accede a su voluntad de reducir totalmente a la nada la transacción, el intercambio. La epifanía se produce poco después, precedida por una liberación absoluta de la palabra en una escena bastante graciosa en la que Astrid da un discurso torrencial sobre la poca autenticidad de su arte a un director, que mantiene, a pesar de todo, la calma. La conversación termina con la pregunta "¿A dónde vamos?", a lo que Astrid responde, "A ninguna parte, yo vivo aquí". 

Schanelec propone así con I Was at Home, but... un ensayo filosófico sobre la existencia y el arte que no aburre a pesar de sus aspectos estáticos, pues su inteligencia deja también un poco de espacio a un humor que atenúa poco a poco la frialdad del comienzo, hasta llegar a un desenlace lleno de afecto. 

I Was at Home, but... es una producción de Nachmittagfilm (Alemania), coproducida por Dart Film (Serbia). Las ventas internacionales están a cargo de Deutsche Kinemathek.

(Traducción del francés)

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