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SOFÍA 2019

Crítica: Good Day’s Work

por 

- El drama minimalista de Martin Turk, proyectado en Sofía, explora los pequeños, pero inexorables, accidentes de la vida

Crítica: Good Day’s Work
Aleksandar Seksan en Good Day's Work

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, de Martin Turk, se ha proyectado en la sección Balkan Competition del Festival internacional de Cine de Sofía y pronto se presentará en las ediciones provinciales (Plovdiv, Varna, Burgas). El director esloveno cuenta una historia tan reconocible que se ha convertido en un subgénero de cine de autor: la típica persona que se ve obligada a tomar una decisión drástica debido a una serie de adversidades o bromas del destino.

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El acercamiento resulta familiar (ver La Lección [+lee también:
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, la primera película de Kristina Grozeva y Petar Valchanov, estrenada con éxito en el Festival de Sofía en 2015) y generoso como punto de partida para una reflexión interesante, no sólo sobre el carácter y los valores morales de una persona, sino también de una sociedad.

El protagonista es Armin (un excelente Aleksandar Seksan), un desempleado que cuida de su hijo Edin y de su esposa embarazada, Jasmina (una muy natural Maja Zećo). Armin está a la espera de una entrevista de trabajo para ser conserje en un colegio pero, tras presenciar un accidente, llega tarde a la entrevista y pierde su oportunidad. Este sólo es el principio del descenso al infierno para el afable Armin, que tendrá que enfrentarse a una serie de importantes desafíos que el guión escrito por Turk ha preparado para él.

Pero en Good Day’s Work, el viaje es más importante que el destino; y la película convence al público con los esfuerzos sobrehumanos de Armin para seguir siendo bueno y hacer lo correcto, incluso en los peores momentos. Turk analiza cómo una persona se ve obligada a salir de su zona de confort y cómo sus reacciones drásticas empiezan a tener sentido. Por supuesto, no es natural la forma de administrar veneno en el alma pura de Armin, ya que el personaje es tratado como un experimento de un laboratorio escolar: con el calor y la presión adecuados en un buen catalizador, todo puede explotar.

Good Day’s Work conecta muy bien con el público, ya que invita a los espectadores a preguntarse qué harían si estuviesen en el lugar de Armin. Desde la seguridad de la sala de cine, es fácil juzgarlo y criticar sus decisiones, pero el carisma de Seksan acerca a Armin al público: es más un amigo con mala suerte que alguien cuyas acciones juzgaremos duramente. Algunas de las subtramas también ayudan a crear un mapa creativo donde Armin se pierde.  

Probablemente, el aspecto más interesante de la historia es que las personas que rodean a Armin intentan convencerlo de que acepte todo sin protestar, incluso cuando la situación pide una reacción. Es como si los problemas financieros empujasen a una persona a una situación de esclavitud donde no es la libertad lo que se cuestiona, sino el hecho de tener una opinión y compartirla con los demás. Otro aspecto importante de la película de Turk es su universalidad. Armin es bosnio pero la historia podría suceder en cualquier país, de cualquier continente. No hay barrera entre el público y el protagonista, ni momentos que nos hagan perdernos en la traducción. Por ello, la historia de Armin es una de las más accesibles del cine reciente.

Good Day’s Work ha sido producida por Obala Art Centar (Bosnia y Herzegovina), y coproducida por Bela Film (Eslovenia) y Turkish Radio & Television.

(Traducción del inglés)

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