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Crítica: Dernier amour

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- Vincent Lindon da vida a un sorprendente Casanova, desarmado ante una voluble Stacy Martin, en una cinta crepuscular de Benoît Jacquot

Crítica: Dernier amour
Vincent Lindon y Stacy Martin en Dernier amour

Cuando una joven plantea a su tutor, Casanova, en la Bohemia de 1793, una pregunta sobre el alcance de su reputación de seductor ("¿Todas estas mujeres?"), el célebre aventurero veneciano, que ve próximo el final de su vida (pues morirá cinco años más tarde, a los 73), le responde así: "La gente exagera. Cada una era la primera y la última. Siempre fui amigo de todas, menos de una". Esta excepción, una pasión llena de deseos insatisfechos y de sufrimiento intenso, contada por Casanova en su libro de memorias Historia de mi vida, es el argumento del último de los 25 largometrajes de Benoît Jacquot, Dernier amour [+lee también:
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, estrenado en las salas francesas de la mano de Diaphana Distribution.

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En un flashback, el film salta 30 años antes, a Londres, donde Casanova (Vincent Lindon, en un papel atípico), tras escaparse de la prisión de los puentes de Venecia, se encuentra a su pesar, sin amigos y sin saber inglés. Mientras descubre con asombro las costumbres de la alta sociedad inglesa de la época, en la que las personas se ocultan y se exhiben, y el refinamiento y la distinción (los sombreros de las damas, los billares de los caballeros) alterna con la vulgaridad extrema (y un libertinaje sin complejos), Casanova se cruza, cuatro veces y a cierta distancia, con La Charpillon (Stacy Martin), una joven de moralidad claramente dudosa. Enamorado de la libertad ("Viajo mucho. El deseo de partir siempre vence"), particularmente en sus relaciones con el sexo opuesto, Casanova caerá literalmente bajo el encanto de La Charpillon, que se niega a entregarse a él, pero se le insinúa sin cesar ("Venga a sentarse a mi lado, está muy tieso en ese sillón") y luego le pide que se comporte durante 15 días como si fuera su prometido para merecer poseerla (pero en el último momento...). Un juego de frío y calor, de gato y ratón, de ofrenda y evasiva, sin que sepamos realmente si se trata de una manipulación interesada, un deseo profundo de ser amada o la continuación de una historia antigua y nebulosa (ambos se conocieron en París, cuando ella tenía 11 años: "¿Era usted la niña pequeña?"). Estamos en todo caso ante un laberinto que devorará durante meses y consumirá de pasión, desde la exasperación hasta la desesperanza, al gran seductor, que siente simultáneamente rechazo y atracción...

Muy a gusto en la reconstrucción del siglo XVIII (como ya demostró en Adiós a la reina [+lee también:
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) y en el retrato de la hipócrita aristocracia inglesa, Benoît Jacquot imbuye el film de una extrañeza que se ve reforzada por el buen trabajo del director de fotografía, Christophe Beaucarne. Una atmósfera equívoca que quizás no gustará a todos, pero que dota a la cinta de una impronta particular, un perfume intangible en el que la virtud y la búsqueda del bien propuesta por Aristóteles en la Ética a Nicómaco (que el viejo Casanova narrador enseña a su alumna) se ven arruinados por el deseo devorante y peligroso de poseer a quien le rechaza, cueste lo que cueste.

Producida por Les Films du Lendemain y JPG Films y coproducida por Wild Bunch, France 3 Cinéma, Les Films du Fleuve (Bélgica) y Cohen Media Group (Estados Unidos), Dernier amour es vendida internacionalmente por Elle Driver.

(Traducción del francés)

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