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CINÉMA DU RÉEL 2019

Crítica: Movements of a Nearby Mountain

por 

- Sebastian Brameshuber vuelve con un documental sobrio sobre un mecánico nigeriano que recicla piezas de coches en un rincón aislado de Austria

Crítica: Movements of a Nearby Mountain

Una atmósfera un poco atemporal y en los márgenes de la actividad económica del mundo occidental contemporáneo: este es el territorio al que nos invita Sebastian Brameshuber en su tercer largometraje documental, Movements of a Nearby Mountain [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, estrenado mundialmente en París, en la competición internacional del 41er festival Cinéma du Réel. Este viaje al pie del Erzberg, una montaña de los Alpes austriacos que alberga un yacimiento de hierro cuya explotación se remonta a la época de los romanos, gira en torno a un personaje que acaba siendo tan enigmático como simbólico: Cliff, un nigeriano de 35 años que desmonta metódicamente coches usados en un enorme hangar aislado para revender las piezas. 

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Difuminando suave y deliberadamente la temporalidad de las estaciones y los años (algunas secuencias datan de 2011, otras, de varios años más tarde, sin que sea posible diferenciarlas), Sebasian Brameshuber sumerge al espectador en el ritmo de trabajo tranquilo de Cliff, que martillea, desatornilla, clasifica y empaqueta las piezas en paquetes envueltos en film de plástico, con diligencia, sin descanso ni prisa, permitiéndose pausas regulares para fumar, durante las cuales medita. Limpiando el hangar con cubos de agua que trae de un pequeño arroyo cercano, cociendo arroz en un brasero, lavando la ropa a mano y secándola sobre un trozo de rejilla destartalada, afeitándose mientras se mira en un retrovisor, Cliff es un personaje hierático, apacible, carismático y sonriente. Casi siempre solo, Cliff reina tranquilamente sobre este espacio invadido por una impresionante cantidad de material, desde vehículos todavía intactos hasta pilas de neumáticos, pasando por montañas de chatarra diversa, que se elevan por todas partes. En el exterior, hay una pequeña extensión de terreno sin construir antes de una carretera que se vislumbra tras los árboles; la montaña ocupa el resto del paisaje. Es aislamiento es casi completo: se ve interrumpido de vez en cuando por clientes que vienen a comprar alguna cosa, a precios al por mayor muy módicos ("40 euros es demasiado"), pero que se negocian con tenacidad. Por allí pasan, entre otros, una pareja de húngaros ("si espero a los rumanos o los búlgaros, pagarán 10 euros"), pero a Cliff le ayuda a veces su compatriota Magnus, cuyo sueño "sería encontrar diez Toyota Camry, llevarlos a Nigeria y montar un negocio de taxis". Esta compañía permite aclarar un poco ciertos aspectos de la actividad de Cliff, que también debe encontrar viejos coches que comprar (llevándose alguna desilusión ocasional: "en este país, la ley dice que un acuerdo verbal no es vinculante, no es como en Nigeria"), que luego revende en su país natal (por donde el film pasa brevemente). Cliff expresa un sereno fatalismo: "todo es dinero", "las cosas cambian, ya no son como hace cinco o diez años, cuando llegamos a este país").

Sin explicar demasiado y dejando en la sombra muchos aspectos biográficos, jugando con variaciones sutiles de motivos de repetición y apoyándose sobre una cámara observadora y paciente, Movements of a Nearby Mountain acentúa el carácter atemporal de su protagonista y el espacio que le rodea, haciendo que la historia parezca un relato que evocara irónicamente la servidumbre de los hombres y la competición por una riqueza supuestamente eterna. Una pista filosófica insistente y casi superflua en un documental ascético pero nada árido, sencillo pero profundo, que sabe imponer su propio tempo.

Producida por las austriacas Mischief Films y Panama Film junto con la francesa Le Fresnoy, Movements of a Nearby Mountain es vendida internacionalmente por Filmgarten.

(Traducción del francés)

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