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LUXEMBURGO 2019

Crítica: Sawah

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- La nueva comedia de Adolf El Assal es una cinta divertida y muy entretenida que defiende la multiculturalidad

Crítica: Sawah
Karim Kassem en Sawah

Una cosa es segura: Adolf El Assal no se achanta fácilmente. Nada o casi nada puede detenerle. Entre 2006 y 2009, este joven luxemburgués nacido en Egipto codirige simultáneamente dos largometrajes autoproducidos, Divzionz y Reste bien, mec!. Tres años más tarde, se estrena la estrambótica comedia Les Gars [+lee también:
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, considerada como el primer largo oficial del cineasta. Aunque modesto, el presupuesto de 500.000 euros da alas a su autor, que rueda con mucha energía y hace todo lo posible para garantizar la difusión e la película en salas de todo el Gran Ducado. El film llega incluso a estrenarse en VoD en Francia, en varias plataformas, incluyendo Dailymotion.

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Les gars, que cuenta las peripecias de un grupo de jóvenes golfos en Portugal, recuerda a las películas de Michaël Young (Fatal), Philippe Lacheau (Se nos fue de las manos [+lee también:
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) o Franck Gastambide (Les Kaïra [+lee también:
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). Para algunos, burdas comedias de colegiales. Pero no solo eso, diríamos nosotros. El cine de Adolf El Assal no tiene nada de exigente para el intelecto, pero defiende con tenacidad los valores de la multiculturalidad a imagen de Luxemburgo, país de adopción del realizador. Este es además el tema central de Sawah [+lee también:
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, "Carte Blanche Kinepolis" del último Luxembourg City Film Festival, que mantiene el mismo tono exaltado.

Samir (Karim Kassem), un DJ egipcio, gana un concurso de mezcla en El Cairo que le da la oportunidad de irse a Bruselas y recibir un premio internacional. Pero debe hacer malabares para conciliar una vida familiar compleja y la tensión del contexto social de Egipto. Sawah está repleta de tomas reales que muestran enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas del orden en la plaza Tahrir. Con este trasfondo, el joven Samir decide, a pesar de todo, marcharse a probar suerte en Bélgica. Pero no todo va como había previsto: tras verse forzado a aterrizar en Luxemburgo y a no irse del Gran Ducado, se topa con una plétora de personajes excéntricos.

El film de Adolf El Assal se pone entonces a hablar todas las lenguas, del inglés al francés, pasando por el árabe y, por supuesto, el luxemburgués. Uno a uno, los protagonistas son construidos por El Assal —que escribió el guion junto con Dennis Foon y Sirvan Marogy— para encarnar en cada uno un estereotipo del país. De este modo, la policía luxemburguesa hace sonreír por su falta de profesionalidad y su sentimiento de inferioridad: tomado por inmigrante clandestino, Samir descubre la existencia de una autoridad gran ducal y de un país soberano arrinconado entre Francia, Alemania y Bélgica del cual no sabía nada. El DJ también se cruza con la mafia local y sus inútiles secuaces. A ellos también les cuesta asentar su autoridad sobre este pequeño territorio, marcado inevitablemente por la "competencia" extranjera. Sin olvidar a la encargada belga de un bar de mala muerte, interpretada por la maravillosa Stéphane Bissot. En suma, Sawah reivindica una hermosa galería de pillastres.

Sawah (referencia al célebre cantante panárabe-egipcio Abdel Halim Hafez) es además un relato muy personal, inspirado en varios momentos de la adolescencia del realizador, que también descubrió Luxemburgo por error mientras viajaba con sus padres, a los seis años de edad. De ahí, el realizador extrae una diversión consciente, demostrando creatividad en muchos aspectos.

La película es una producción de las compañías luxemburguesas Deal Productions y Wady Films, en coproducción con la belga Caviar Films y la egipcia Film Clinic.

(Traducción del francés)

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