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MÁLAGA 2019

Crítica: El doble más quince

por 

- Mikel Rueda deposita la eficacia emocional de su nueva película en los diálogos de unos personajes desubicados y errantes, encarnados por el joven Germán Alcarazu y la madura Maribel Verdú

Crítica: El doble más quince
Germán Alcarazu y Maribel Verdú en El doble más quince

Átame, de Pedro Almodóvar, se cerraba con un plano de Victoria Abril conduciendo, mientras a su lado Antonio Banderas y, en los asientos traseros, Loles León cantaban el Resistiré del Dúo Dinámico: en el rostro de la actriz se intuía un torbellino de emociones, que pasaban desde la felicidad y la esperanza hasta el miedo y el vértigo. Algo similar sucedía con Lesley Ann Warren, entonces a bordo de un tren, en la última escena de Elígeme (1984), de Alan Rudolph, llevando al lado a un Keith Carradine: el rostro de la actriz volvía a expresar, sin hablar, sentimientos contrapuestos. Ahora es Maribel Verdú quien, al volante de un coche, deja atrás al personaje encarnado por Germán Alcarazu, y cierra el film El doble más quince [+lee también:
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, escrito y dirigido por Mikel Rueda, quien ha confiado en la técnica interpretativa de la madrileña para que transmita satisfacción, transición y añoranza mientras la cámara escruta sus facciones. Y es que el director de A escondidas [+lee también:
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ha depositado la eficacia de su nueva película, que compite por la Biznaga de Oro en la 22º edición del Festival de Málaga. Cine en Españolen el buen hacer de su pareja de actores protagonistas.

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Antes el espectador ha acompañado, durante un día, a los dos personajes centrales. Solamente un par de saltos temporales, a modo de introducción, han servido para presentarlos: él es un joven inseguro, sensible y dudoso; ella, una profesional y madre que no parece feliz ni satisfecha. A través de un chat de sexo, en internet, establecen contacto y deciden verse en persona: lo que sigue son las horas de conocimiento, acercamiento y de reflejarse en el otro con una sinceridad que no encontraban en sus respectivos mundos.

Rueda define su película como una “road movie caminando”. Caminan se llamaba un cortometraje previo donde los mismos intérpretes encarnaban a los mismos personajes y que sirvió de ensayo para este largometraje que, a través de las calles, parques y la ría de Bilbao, acompaña a dos seres en crisis, que se desnudan emocionalmente con un desconocido a la vez que se retro alimentan uno del otro, sintiéndose vivos y abrazando por fin el lógico miedo que siempre acompaña al ser humano en los tránsitos vitales.

Para transmitir ese estado anímico -cercano a la melancolía- de sus personajes, Mikel Rueda se ha valido de una fotografía de tonos azules que enfría el entorno y el paisaje donde sobresale el colorido de los ropajes de los protagonistas. Asimismo, emplea el desenfoque de la óptica para desdibujar ese escenario por donde deambulan, dejando claro que ellos están allí como fuera de lugar. Y los diálogos -no siempre suficientemente creíbles y, a veces, cercanos a los postulados de los manuales de auto ayuda- completan el andamiaje de una película que no acaba de alcanzar el vuelo artístico y emocional que la haga sobresalir: no descubrimos mucho si añadimos que el modelo de la misma es la célebre trilogía orquestada por Richard Linklater e interpretada por Julie Delpy y Ethan Hawke.

El doble más quince es una producción de El doble más quince A.I.E., Baleuko S.L., Sonora Estudios y Potenza Producciones. Ha contado con la participación de ETB, TVE y Movistar+ y con la ayuda del Gobierno Vasco. Filmax se encarga de su distribución en España y de sus ventas internacionales.

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