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CANNES 2019 Quincena de los Realizadores

Crítica: Oleg

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- CANNES 2019: El letón Juris Kursietis firma una película áspera e hiperrealista sobre una forma de esclavitud moderna protagonizada por trabajadores de Europa del Este fuera de sus países

Crítica: Oleg
Valentin Novopolskij en Oleg

Los problemas de los trabajadores desplazados son frecuentes en los debates de la Unión Europea desde hace algunos años, donde el lucro económico basado en la disparidad salarial y las desigualdades de protección social entre Europa del Este y del Oeste son el meollo de tales deliberaciones. No obstante, detrás de todo esto, en realidad se esconden fenómenos de maltrato humano mucho más graves y es justo en estas espeluznantes profundidades donde el cineasta letón Juris Kursietis (conocido por su primer largometraje Modris [+lee también:
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del 2014) usa la ficción para adentrarse en Oleg [+lee también:
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entrevista: Juris Kursietis
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, presentada en la 51ª Quincena de Realizadores del 72º Festival de Cannes.

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Siguiendo las líneas del inocente que se convierte en víctima de la maldad y el nefasto descubrimiento de que la humanidad es el propio enemigo del hombre, esta tosca, tensa y despiadada película se centra en Oleg (Valentin Novopolskij), un carnicero de origen letón (con la condición de no ciudadano, la cual lo convierte en un extranjero incluso en su propio país) que, sin saberlo, entra en una zona de graves turbulencias nada más llegar a Bruselas para trabajar en una fábrica de carne junto con otros trabajadores autorizados oficialmente. Tras un accidente en el trabajo, Oleg es despedido injustamente debido a las mentiras del verdadero culpable y se ve en una situación desesperada, ya que se queda sin permiso para trabajar en Bélgica y tanto él como su abuela están muy endeudados en Letonia. Entonces, como si de la nada, aparece su salvador, el polaco Andrzej (Dawid Ogrodnik), alegando querer reparar el daño causado por su paisano y para ello, le ofrece trabajo y un pasaporte. Oleg se muda a una casa llena de trabajadores polacos y pronto, se da cuenta de que su benefactor resulta menos benevolente de lo que parecía y se encuentra atrapado en una situación cada vez más peligrosa. 

Con una puesta en escena en la que la cámara está literalmente en mano del protagonista y explora hasta la más mínima inflexión de su cara, esta película se desarrolla en ambientes nocturnos, claustrofóbicos y muy realistas (una foto de exquisita confección por cortesía de Bogumił Godfrejów) que parecen casi de un documental con algunas secuencias oníricas intercaladas. El ritmo de la trama, el cual permanece relativamente impredecible al igual que ocurre con perverso y manipulador Andrzej, permite una cautivadora inmersión en un brutal inframundo paneuropeo que roza la esclavitud y goza de la indiferencia aparente de las autoridades locales. Las referencias católicas (que reflejan una cultura muy auténtica y profundamente arraigada) abruman relativamente la historia y ocasionalmente, se emplean ciertas tretas narrativas que facilitan el desarrollo de la trama. Sin embargo, todo esto no evita que la película argumente de forma convincente que, hasta cierto punto, los mecanismos humanos y económicos que presenciamos hoy día son tristemente una reminiscencia de los del mundo animal. 

Producida por el equipo letón de Tasse Film, Oleg ha sido coproducida por la compañía belga Iota Productions, el grupo lituano In Script y la empresa francesa Arizona Productions. Las ventas internacionales las lleva la recién estrenada compañía belga Best Friend Forever.

(Traducción del francés por Lidia Morales Olivares)

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