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CANNES 2019 Competición

Crítica: Bacurau

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- CANNES 2019: Con humor y un gran sentido de la digresión, Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles juegan con las tradiciones del western, de Brasil y de la resistencia antimperialista

Crítica: Bacurau
Bárbara Colen en Bacurau

"Bien entrada la noche, es la hora del bacurau. Celebramos el miedo y el horror. Los fantasmas atormentan el valle. En el aire, flotan los hechizos de un brujo maléfico". Cuando todos los habitantes de un pequeño pueblo aislado en la naturaleza salvaje del oeste del estado brasileño de Pernambuco cantan al unísono estas palabras, acompañando el féretro de una matriarca, se crea un ambiente bastante particular. Y no hay pocos féretros en el extraño, divertido y fascinante western parabólico Bacurau [+lee también:
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ficha del filme
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, firmado por Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles y presentado en competición en el 72º Festival de Cannes.

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Situada vagamente "de aquí a varios años", la trama creada por los dos cineastas nos lleva desde el cielo estrellado hasta el planeta Tierra, más precisamente, a Brasil, donde seguimos un camión que transporta agua potable y que atraviesa una vasta extensión de terreno prácticamente deshabitado. Recorriendo carreteras secundarias y caminos de tierra, nos encontramos con un cartel que dice "Bacurau, si vienes, es en paz", tras descubrir que el pueblo ha sido privado de su acceso al agua y que Lunga, un forajido, se esconde en la zona, y nadie quiere denunciarle. Cuando llega a Bacurau para la velada fúnebre antes mencionada, el espectador conoce a las principales figuras locales: Teresa (Bárbara Colen), que ha traído una maleta con vacunas, y su padre Plinio (Wilson Rabelo), la doctora Domingas (Sonia Braga), el ex-asesino Pacote (Thomas Aquino) y tantos otros. Y es que la población de Bacurau (una palabra que se refiere a un pájaro que se esconde por la noche, dejándose ver solo cuando lo desea) está muy unida y se comunica sin cesar, sobre todo para anunciar visitas como la del prefecto Tony Jr. (Thardelly Lima), que tiene intenciones electorales y recibe una acogida fría.  Entonces, se suceden acontecimientos extraños: el pueblo ha desaparecido de los mapas y las fotos por satélite, aparecen misteriosos motoristas, la red telefónica se corta y sucede una masacre en una granja de los alrededores. En la sombra, un grupo de forasteros armados hasta los dientes (encabezados por Udo Kier) y ayudados por un dron prepara la aniquilación metódica y lúdica de Bacurau, pero los lugareños opondrán resistencia...

Declinando una sorprendente partitura, en un registro dislocado que evita cuidadosamente los clichés, Bacurau es una obra coral que no se deja encasillar, pues va de un género a otro, pero que va brindando todo su potencial a medida que avanza. Evidentemente antimperialista, la película ilustra un espíritu de resistencia insurreccional, la fe en un patrimonio cultural común y un arte sutil (dotado de una buena dosis de ironía) del camuflaje cinematográfico, revisitando con una mezcla de modernidad y sencillez arcaica los códigos de la tradición brasileña (los de, por ejemplo, Antonio Das Mortes, de Glauber Rocha), el western clásico y sus transposiciones más contemporáneas. Un ejercicio de estilo en un espejo invertido, lleno de sangre caliente y humor negro, que se degusta sin moderación. 

Producida por la compañía francesa SBS Productions y la brasileña CinemaScópio, coproducida por Arte France Cinéma y Globo Filmes, Bacurau es vendida internacionalmente por SBS.

(Traducción del francés)

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