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CANNES 2019 Competición

Crítica: Atlantique

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- CANNES 2019: El primer largo de Mati Diop mezcla realismo y fantasía para tejer en Dakar una intrigante y nebulosa parábola sobre la inmigración, el amor y la muerte

Crítica: Atlantique
Mame Bineta Sane en Atlantique

"Hay recuerdos que son presagios". Al rodar en Senegal su primer largo, Atlantique [+lee también:
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, que compite en el 72º Festival de Cannes, Mati Diop ha decidido imbricar una multitud de dimensiones en un relato cuyo eje principal podría calificarse de variación moderna de Romeo y Julieta, aderezada con una pizca de Orfeo y Eurídice, con un trasfondo formado por el drama económico de la migración y la cultura local y sobrenatural de los djinns. Un cóctel heterogéneo, audaz y singular cuya rareza puede resultar algo desconcertante, pero que demuestra las evidentes capacidades de la cineasta para reconstruir con verosimilitud la realidad africana de la joven protagonista, exhibiendo al mismo tiempo sus grandes cualidades en materia de puesta en escena.

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Todo comienza entre el polvo de la obra donde se construye una torre inmensa. Los albañiles no reciben paga desde hace tres meses, y la atmósfera está llena de agitación, imitando el mar turbulento que bordea la ciudad. Entre estos hombres jóvenes y furiosos, figura Souleiman (Ibrahima Traore), que ha quedado con Ada (Mama Sane) para una cita amorosa. Pero una espada de Damocles amenaza el idilio, pues la hermosa chica debe casarse en diez días con Omar (Babacar Sylla), por quien no siente nada, pero que goza de la aprobación de su familia ("hay que conservar tu posición, los tiempos son duros"). Peor aún: por la noche, cuando Ada escapa de casa para ver a Souleiman, descubre que "los chicos se han ido": se han montado en una patera, rumbo a España. Totalmente deprimida, Ada se deja arrastrar por la vida hasta el momento de su boda, rodeada por sus amigas Dior (Nicole Sougou) y Fanta (Aminata Kane), que ven con buenos ojos el ostentoso materialismo de Omar (que vive nueve meses al año en Italia). Pero durante la noche de bodas, un extraño incendio amenaza la cama nupcial, y Souleiman es visto por los alrededores. La policía abre una investigación, encabezada por Issa (Amadou Mbow), que vigila a una Ada (a quien obligan a someterse a un examen para verificar su virginidad) que espera ver pronto a su amado. Pero entonces, suceden fenómenos mucho más sobrenaturales, irrumpiendo en la realidad, como también lo hacen los ajustes de cuentas...

Jugando con la frontera entre la vigilia, el sueño y la pesadilla, Atlantique es una cinta decididamente extraordinaria, a lo cual contribuye el destacable trabajo de Claire Mathon a la dirección de fotografía. Estudiando con atención los matices de los rostros y captando el entorno y las atmósferas (sobre todo) nocturnas con una precisión de documentalista, Mati Diop traza un retrato encantador de una joven mujer y se sumerge en lo profundo de las vivencias locales. Pero si la apuesta por lo fantástico como hilo conductor del tratamiento de la tragedia de la inmigración y sus causas locales se revela apasionante en un primer momento, la relativa confusión que introduce termina por contaminar una película muy (demasiado) ambiciosa, estropeando levemente una primera incursión en el largo que por lo demás es muy prometedora.

Producida por Les Films du Bal y coproducida por Arte France Cinéma, Cinekap (Senegal) y Frakas Productions (Bélgica), Atlantique es vendida internacionalmente por mk2 Films.

(Traducción del francés)

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