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TRANSILVANIA 2019

Crítica: Scarborough

por 

- El segundo largo del británico Barnaby Southcombe es un drama en continuo contrapunto sobre relaciones de profesores y alumnos

Crítica: Scarborough
Jessica Barden en Scarborough

Tras el thriller noir I, Anna [+lee también:
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, Barnaby Southcombe firma ahora una cinta que aborda el delicado tema de las relaciones románticas entre profesores y alumnos, analizando la distinta percepción de la misma historia cuando los géneros de los protagonistas están invertidos. Adaptación de la obra teatral homónima de Fiona Evans, Scarborough [+lee también:
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, que compite por el galardón principal del 18º Festival Internacional de Cine de Transilvania, cuenta dos de estas aventuras entre docente y estudiante a lo largo de tres días.

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Durante todo su metraje, el film entrecruza la historia del profesor Aiden (Edward Hogg) y su alumna Beth (Jessica Barden), una adolescente extrovertida, y la de la profesora Liz (Jodhi May) y su alumno Daz (Jordan Bolger). Las dos parejas nunca interactúan entre ellas, incluso cuando se alojan en el mismo y destartalado hotel victoriano. Como las similitudes (el mismo comportamiento, las mismas conversaciones, los mismos problemas) van acumulándose, parece que lo que en realidad estamos viendo es la misma relación interpretada por personas diferentes. En Scarborough, los amantes van a los bolos, practican sexo, comen algodón de azúcar, ven fuegos artificiales y hablan sobre sus relaciones. La cámara al hombro aumenta la sensación de que nos estamos inmiscuyendo en los momentos más íntimos de los personajes, pero esta sensación no llega a estancarse gracias al montaje paralelo. La decisión de Southcombe de alternar entre las escenas de las dos parejas sugiere el hecho de que las historias transcurren de forma simultánea. Este entrecruzamiento acaba por aumentar el impacto de la sorpresa del final de la película, lleno de giros.

Esta pauta del reflejo parece romperse cuando tanto Liz como Beth anuncian sus embarazos a sus respectivas parejas. Una vez que el aborto se plantea como posibilidad, la historia dúplice entra en una fase más inpredecible e intrincada. Lo que cautiva al espectador hasta ese punto son las similitudes entre los profesores Aiden y Liz, románticamente reservados, y los alumnos Beth y Daz, desinhibidos y temerarios. Pero el anuncio de los embarazos trae un cambio, y el público debe comparar las reacciones de las dos mujeres de diferentes edades, así como las de los hombres. De esta forma, la cinta plantea toda una nueva batería de preguntas. Hacia su desenlace, Scarborough ofrece un giro que arroja luz sobre todo lo que hemos visto.

La película es una producción de la compañía británica Embargo Films junto con Poisson Rouge Pictures, y la alemana Global Screen se encarga de las ventas internacionales. Scarborough valió a Barnaby Southcombe el premio a mejor guion en la tercera edición del Festival Internacional de Cine de Macao.

(Traducción del inglés)

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